domingo, 28 de febrero de 2010

De estrella de cine a monja de clausura.


Transcurre las mañanas en el silencio, la oración y la contemplación. Rezar y trabajar, había escrito san Benito, por eso al rayar el alba ordeña la vaca y por las tardes cultiva el campo y cuida las hortalizas. Lo anterior sin descuidar la formación de sus novicias. El canto gregoriano es parte constitutiva de esta abadía femenina de la orden benedictina cuyas religiosas se despiertan con amor a mitad de cada noche para entonar himnos a Dios.

La vida de la madre Dolores no siempre fue ésta. Actriz famosa y reconocida en la década de los 50´s y de los 60´s, compartió escena con los grandes actores de su época como Anthony Quinn, Gary Cooper, Ana Magnani o Elvis Presley. De hecho, en la película in Loving you fue la primer actriz en besar a Elvis en la pantalla grande. Figuró en carteleras, revistas y anuncios publicitarios. No podía estar en lugares públicos ya que los admiradores hacían lo imposible por arrancarle un autógrafo.

Al regresar de una gira de promoción de una de sus últimas películas, pide al chofer de su limousine dejarla delante de la abadía Regina Laudis, en Connecticut. Era el 13 de junio de 1963. La súper actriz de la Metro Goldwyn Mayer, Dolores Hart, dejaba el mundo del espectáculo e iniciaba ese otro mundo más pleno: el del seguimiento del llamado de Dios.

Claro que suponía un acto de abnegación de sus propios gustos y de muchos otras posibilidades abiertas. Tenía todo lo que podía desear: juventud, belleza, dinero, fama… Pero le faltaba esa paz que sólo se consigue cuando se es fiel a la conciencia. Le costó dejar a su novio, el emprendedor californiano Don Johnson, le costó dejar los foros, el maquillaje, los vestidos, le costó el nuevo anonimato. Le costó esa radicalidad que posiblemente hoy es menos comprendida por muchos creyentes católicos. Pero tenía viva la determinación de hacer la cosa justa, y eso fue lo que hizo: supo poner su corazón en el puesto justo o, por mejor decir, en la persona adecuada: Dios.

Cuando del L´osservatore Romano (18 de julio de 2008) le preguntaron si era feliz, madre Dolores respondió: “antes de haber cumplido veinte años en el convento me acordé que trabajar en el cine me daba menos felicidad que la que me esperaba aquí”.

Ciertamente el itinerario de amor que ha seguido la hoy priora de novicias en la abadía Regina Laudis a Bethlehem, no ha sido un camino de rosas. En 1999 padeció una enfermedad neurológica poco común que la dejó sin posibilidad de caminar, hablar y comer por un tiempo. Pero tuvo fe, se tomó de la mano de Jesús y salió victoriosa.
Hoy, la madre Dolores sigue formando parte de la Motion Picture Academy of Arts and Sciences, la comisión que elige cada año a los galardonados con el premio Óscar. Pero no es todo. Junto a una amiga actriz, Patricia Neal, construyó el The Gary-The Olivia Teather, a un lado del convento. Es un teatro para quinientas personas donde cada verano representan diversas obras. Pero no es todo. A través de www.abbeyofreginalaudis.com
promueve un cedé donde a modo de canto se puede escuchar, entre otras cosas, la genealogía de Jesús.

La historia de la madre Dolores es de esas que llegan al fondo de nosotros mismos. Que nos preguntan y que acusan respuesta reflexiva, honda, hecha práctica. Y es que, como ella misma dice “Una relación viva y personal con Cristo es necesaria para entender que su presencia es la única cosa verdaderamente real y verdaderamente hermosa en nuestra propia vida”.



Autor: Jorge Enrique Mújica, L.C. Fuente: Catholic.net / Buenas Noticias


jueves, 25 de febrero de 2010

Mensaje de confianza.


Es inquebrantable

Las consideraciones precedentes habrán parecido, tal vez, demasiado abstractas. Sin embargo, era necesario que nos apoyásemos en ellas. De las mismas deduciremos las cualidades de la verdadera confianza.

La confianza, escribe el Padre Saint-Jure, es “firme, estable y constante en grado tan eminente, que nada en el mundo puede, no digo ya derrumbarla, sino perturbarla siquiera”.

Imaginen los extremos más angustiantes en el orden temporal, las dificultades más insuperables en el orden espiritual: no alterarán la paz del alma que confía. Catástrofes imprevistas podrán amontonar alrededor de ella las ruinas de su felicidad; es alma, más dueña de sí que el sabio antiguo, continuará calma: “De pie, impasible en medio de ruinas”. (Horacio, oda 3 del libro III).

Se volverá sencillamente a Nuestro Señor: en Él se apoyará con certeza tanto mayor cuanto más privada se sienta de todo socorro humano. Rezará con ardor más vibrante y en las tinieblas de la probación continuará su camino, esperando en silencio la hora de Dios.

Una confianza así es poco frecuente, sin duda; pero si no alcanza ese mínimo de perfección, entonces, no merece el nombre de confianza.

Se encuentran, además, ejemplos sublimes en las Escrituras y en la vida de los santos. Herido en la fortuna, en la familia y en la carne, Job, reducido a la última indigencia, yacía sobre un muladar. Sus amigos, su propia mujer, le aumentaban el dolor por la crueldad de sus palabras. No obstante, él no se dejaba abatir; ninguna murmuración se mezclaba con sus gemidos. Le sostenían los pensamientos de la Fe. “¡Aunque el mismo Señor me quitase la vida –decía- esperaría en Él!” (Job XIII, 13).

Confianza admirable que Dios recompensó magníficamente. La prueba cesó; Job recuperó la salud, ganó de nuevo fortuna considerable y tuvo una existencia más próspera que antes.

En uno de sus viajes, San Martín de Tours cayó en las manos de salteadores. Los bandidos lo despojaron; iban a matarlo cuando, súbitamente, tocados por la gracia del arrepentimiento o llevados por un pavor misterioso, le soltaron contra toda esperanza. Se le preguntó más tarde al ilustre obispo si, en ese peligro inminente, no había sentido algún miedo. “Ninguno –respondió- yo sabía que la intervención divina era tanto más próxima cuanto más distantes los socorros humanos”.

La mayoría de los cristianos no imitan, desafortunadamente, estos ejemplos. Nunca se aproximan tan poco a Dios como en el tiempo de la prueba.

Muchos no dan este grito de socorro que Dios espera para venir en su auxilio. ¡Funesta negligencia! “La Providencia –decía fray Luis de Granada- quiere dar solución, ella misma, a las dificultades extraordinarias de la vida, mientras que deja a las causas segundas el cuidado de resolver las dificultades ordinarias”. Pero es necesario pedir el auxilio divino. Esta ayuda Dios nos la da con gozo. “Al tomar la leche del ama, la criatura, lejos de incomodarla, la tranquiliza”.

Otros cristianos, en las horas difíciles, rezan con fervor pero sin constancia. Si no son atendidos rápidamente, pasan de una esperanza exaltada a un abatimiento irracional. No conocen los caminos de la gracia. Dios nos trata como niños: se hace el sordo, a veces, por el placer que siente de oírnos invocarlo. ¿Por qué desanimarse tan pronto, cuando convendría, al contrario, rogar con mayor insistencia?

No es otra la doctrina enseñada por San Francisco de Sales: “La Providencia sólo aplaza su socorro para provocar nuestra confianza”. “Si nuestro Padre celestial no concede siempre lo que pedimos, es para retenernos a sus pies y darnos ocasión de insistir con amorosa violencia junto a Él, como claramente mostró a los dos discípulos de Emaús, con los cuales sólo se detuvo al final del día y, aún así, forzado por ellos”.
De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent

martes, 23 de febrero de 2010

CUARESMA (Tiempo favorable, Tiempo de Conversión).


"CUARESMA, TIEMPO DE REENCUENTRO
CON EL SEÑOR EN LAS ESCRITURAS
QUE NOS HABLAN DEL SIERVO SUFRIENTE.




"Muchos se espantaron de Él, porque desfigurado, no parecía hombre ni tenía aspecto humano, no tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas ni aspecto que nos cautivase Despreciado y evitado de la gente,como un hombre habituado a sufrir, curtido en el dolor; al verlo se tapaban la cara; despreciado, lo tuvimos por nada; pero Él, soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, y con sus cicatrices nos hemos sanado"(Is52,13.53,1-5)

jueves, 18 de febrero de 2010

Verdades olvidadas(La confesión).



Verdades olvidadas
La Confesión.
Cuando tenemos la desgracia de cometer un pecado mortal, un pecado grave, debemos ir a confesarnos cuanto antes con un sacerdote católico para recuperar la gracia santificante, es decir, para que Dios vuelva a habitar en nuestra alma y nos salvemos si nos sorprende la muerte.
También hay que confesarse para recibir la Santa Comunión, porque si estamos en pecado grave y vamos a comulgar, cometemos un horrible pecado llamado sacrilegio.
Por eso es necesaria la Confesión cuando perdimos la gracia de Dios.
La Virgen, en sus apariciones, ha pedido que, aunque no se cometan pecados graves, igual nos confesemos al menos una vez al mes, porque en la Confesión no solo se perdonan los pecados actuales, sino que este sacramento va sanando las heridas que el pecado fue dejando en nosotros. Sucede aquí como con el baño, que no esperamos a estar cubiertos de barro para bañarnos, y nos bañamos y lavamos frecuentemente. Así también tenemos que hacer con la confesión: no esperar a cometer un pecado grave para confesarnos, sino ir cada tres o cuatro semanas al confesionario.
Este es el Sacramento de la Misericordia divina, a través del cual Jesús derrama su infinita Misericordia, nos rocía con su sangre redentora, nos perdona los pecados y nos da fuerzas contra los enemigos del alma.
Hay obligación de confesarse y comulgar al menos una vez al año, de lo contrario se comete pecado grave. Es que Jesús ha dicho que quien no come su cuerpo y bebe su sangre no tiene vida eterna, por eso la Iglesia manda que se confiese y comulgue al menos una vez por año.
Si tenemos la desgracia de estar en pecado grave o mortal, no nos acerquemos a comulgar, sino hagamos la Comunión Espiritual, que agrada mucho a Dios porque es un acto de humildad, y no cometamos jamás el sacrilegio de recibir al Señor en la Eucaristía si estamos en este estado.
Una fórmula breve y sencilla de hacer la Comunión Espiritual es rezando lo siguiente: “Creo Jesús mío que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo y te adoro profundamente y deseo recibirte en mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven a lo menos espiritualmente a mi pobre corazón. Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. No permitas que jamás me separe de Ti”.
Y cuando estemos enfermos de alguna gravedad, no descuidemos de llamar al sacerdote y confesarnos, para que la muerte no nos sorprenda en pecado, y estemos así preparados para partir hacia la eternidad, si Dios así lo dispone.
Avisemos también a nuestros parientes que si nos enfermamos gravemente o tenemos un accidente y no podemos valernos por nosotros mismos para llamar al sacerdote, que ellos sean los que se comprometan a llamarlo para que tengamos su asistencia en esos momentos.
No dejemos la confesión para el último momento, porque al borde de la muerte la mente está confusa y se hace más difícil confesarse. Además no sabemos si tendremos la oportunidad y los medios de hacerlo.
Recordemos una sabia frase que debemos marcar a fuego en nuestras almas, y es la que dice: “Pecador no te acuestes nunca en pecado, no sea que despiertes ya condenado”. No nos vayamos a dormir nunca en pecado mortal. Esto se logra si, habiendo cometido el pecado grave o mortal, pedimos a Dios sinceramente perdón por amor a Él y por haberle ofendido, con el firme propósito de confesarnos al día siguiente o cuanto antes se pueda. De esa forma ya recuperaremos la gracia hasta que nos confesemos. Pero igual para recibir la Comunión Eucarística hay que haber confesado todos los pecados mortales.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Los símbolos en la Cuaresma.



La ceniza: “Convertíos a mí de todo corazón” (Jl 2,12).
Nos recuerda nuestra condición débil y caduca. Nos pone delante nuestra fragilidad.
Expresa la conversión, el deseo de liberarnos del mal que hay en nosotros: la desunión, la violencia, la insolidaridad, la indiferencia, que hay en nosotros y ponernos en el camino hacia la Pascua.
La Cruz: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo” (Lc 9, 23).
Símbolo predilecto para representar a Cristo y su misterio de salvación. Símbolo de la nueva alianza realizada en la Pascua de Jesús.
Ilumina nuestra vida. Nos da esperanza. Nos enseña el camino. Nos asegura la victoria de Cristo. Nos compromete a seguir el mismo estilo de vida de Jesús para llegar a la nueva existencia del resucitado. En la cruz está concentrada la Buena Noticia del Evangelio.

Jesucristo es el Hijo de Dios.



Es tiempo de afirmar con fe esta verdad: Jesucristo es el Hijo de Dios, Jesucristo es Dios.

Porque en estos tiempos se niega esto con la inteligencia o con la práctica, ya que o se dice que Jesús es un “gran hombre” pero nada más, y así se niega en la inteligencia que es Dios; o también se hace lo opuesto a lo que Jesús enseñó, y así se niega que es Dios en la vida práctica, en la vida de todos los días.

Nosotros, católicos, no debemos actuar así, sino acoger esta dulce verdad de que Jesucristo es el Hijo de Dios y adecuar todo nuestro actuar y obrar a las enseñanzas del Señor en el Evangelio y a lo que nos manda la Iglesia fundada por Él.

Recordemos que el Anticristo negará justamente esta verdad: que Jesucristo es Dios. Y es lo que ya estamos viendo que hace la NEW AGE, esta confusión de religiones y creencias que está invadiendo el mundo.

Si creemos que Jesucristo es Dios, entonces creeremos en su Evangelio y en sus milagros y en todo lo que él narra, como algo que ha sucedido realmente.

Pero si en cambio no creemos que Jesús es Dios, entonces pondremos en duda los milagros, los hechos del Evangelio y hasta la Resurrección del Señor, cosa que hace el racionalismo, incluso dentro de la Iglesia Católica en sacerdotes, Obispos y teólogos.

Este tiempo es el tiempo de las grandes caídas, porque pueden caer en el error hasta los que se creen más seguros. Nunca caerán los que sean fieles en todo al Papa, y recen todos los días el Santo Rosario y se hayan consagrado al Inmaculado Corazón de María, pues con estos medios obtendrán la infancia espiritual y serán humildes y acogerán todas las verdades contenidas en la Revelación.

Estemos atentos y perseveremos en la Fe, porque ya lo ha dicho Jesús, el Hijo de Dios en su Evangelio, que el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

Y también ha hecho la siguiente pregunta: ¿Cuando el Hijo del hombre vuelva, encontrará fe sobre la tierra? Indicándonos con ello que en estos tiempos se pone a prueba duramente la fe de los creyentes.

¡Ánimo y adelante, de la mano de Jesús, Hijo de Dios, y de María, Madre de Dios!

domingo, 14 de febrero de 2010

San Valentín(Patrono de los Enamorados)


Febrero 14.
Patrono de los Enamorados.
Hay que remontarse al año 270. Con tu corazón de enamorado, te es fácil entusiasmarte con la vida de tu patrono. Si para las diversas realidades de la vida existe un patrono, no podía faltar uno para lo más bello de la creación: el amor humano entre hombre y mujer. Claudio II "el Gótico" y su policía vigilaban sus andanzas. Tan bruto era este mal emperador que llegó hasta prohibir lo más natural que existe en el mundo: el amor entre los humanos. No quería bodas sino soldados para defender los espacios amplios de su imperio. Nada de casados. Quería solteros y sólo solteros. Ante estas circunstancias inhumanas, Valentín, obispo de Interamna Nahartium (hoy Terni en Umbria el estado en donde està la ciudad de Asìs - Italia) , no tuvo miedo en confesarse creyente, y es más, se entregó por entero a las parejas. Las visitaba en secreto para casarlos lejos de la mirada de los crueles súbditos del emperador. La voz de Valentín corría como el viento por las orillas del Tiber y de las colinas romanas. Los jóvenes, valientes y decididos a formar una familia, acudían a él para recibir el sacramento. Les hablaba, les escribía cartas de amor y con su simpatía y su bella juventud, se traía de calle a todos los enamorados. ALGO ORIGINAL EN LA CÁRCEL Valentìn fue encarcelado por segunda vez bajo Aureliano, que sucediò a Claudio II "el Gótico". Mientras estuvo en la cárcel esperando su muerte, el carcelero se dio cuenta de sus buenas cualidades. Le presentó a su hija Julia ciega de nacimiento. Valentín le enseñó las primeras letras, los rudimentos del saber y, por supuesto, le habló de Dios. Veía el mundo bello que le presenta el apuesto joven. Le dijo a la niña que orase a Dios para que le diese la vista. En un momento determinado, le cogió la mano a Valentín y le dijo: ¡”Yo creo, yo creo!” La luz de la prisión le entró por sus inocentes y maravillosos ojos. El, viéndola feliz, le dijo que mantuviera su fe por encima de todo. A continuación, tal día como hoy, muriò decollado por mano del soldado romano Furius Placidus, a los ordenes del emperador Aureliano y enterrado en la que es iglesia de santa Práxedes, cerca del Coliseo, aunque hoy están en la Basílica de su mismo nombre que está situada en la ciudad italiana de Terni, en donde allì tal dia como hoy la iglesia se llena de parejas, todas aquellas que se casarán el año siguiente. Por esta razón es patrono de los enamorados, un patronazgo popular en todo el mundo cristiano. Desde entonces, los romeros que entran en Roma, se dirigen a la Basílica de san Valentín para orar ante su tumba y que les conceda una buena “Valentina” o Valentín”. Este día pasó con la expansión del cristianismo a otros lugares cuyas fiestas de primavera – paganas- pasaron a tener el sello cristiano.

jueves, 11 de febrero de 2010

Nuestra Señora de Lourdes. (11 de Febrero).


Martirologio Romano: Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes. Cuatro años después de la proclamación de su Inmaculada Concepción, la Santísima Virgen se apareció en repetidas ocasiones a la humilde joven santa María Bernarda Soubirous en los montes Pirineos, junto al río Gave, en la gruta de Massabielle, de la población de Lourdes, y desde entonces aquel lugar es frecuentado por muchos cristianos, que acuden devotamente a rezar.

Bernardita de Soubirous fue la elegida por Dios para ser testigo y mensajera de tan extraordinaria iniciativa del Creador. La Madre de Jesús, nuestra Madre también, supo como siempre enamorar a las multitudes y convocar a los pueblos de las naciones alrededor de la majestuosa imagen que de Ella se difundió.

Lourdes ha sido fuente de sanación física para mucha gente, y quizás ha sido este el milagro más visible que Dios ha realizado para confirmar y sostener la fe en la obra. Pero sin dudas que la sanación espiritual, la conversión de las almas, ha sido el fruto más extraordinario que las generaciones han manifestado como evidencia de la potencia de los actos de Dios en esta tierra.

Bernardita fue también instrumento de confirmación del Dogma de la Inmaculada Concepción, para alegría de los que amamos la pureza de María, reconocida de este modo en las propias palabras de la Reina del Cielo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Hoy, después de 150 años, las palabras de María resuenan en nuestros oídos con la misma fuerza, como un cristal puro que resuena y sacude con su timbre los tímpanos del mundo.

Gloria a Dios por Su Amor manifestado en regalo tan extraordinario. Nuestra Señora de Lourdes renueve nuestros corazones y nuestras mentes, para que emerja sonriente y esplendorosa nuestra propia conversión.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Esta es la oportunidad




Mensaje de conversión

Esta es la oportunidad

No provoquéis la ira del Señor, más que ira dolor, al ver la desobediencia en sus hijos. Demostrad que lo amáis, dándolo todo por El. Esta es la oportunidad. Que halle verdad en vuestros corazones y se gloríe en vosotros. Amén Amén.

Leed: Santiago C. 4, V. 4 al 10 y C. 5, V. 19 y 20

4 ¡Corazones adúlteros! ¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios.

5 No piensen que la Escritura afirma en vano: El alma que Dios puso en nosotros está llena de deseos envidiosos.

6 Pero El nos da una Gracia más grande todavía, según la palabra de la Escritura que dice: "Dios resiste a los soberbios y da su Gracia a los humildes".

7 Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes.

8 Acérquense a Dios y El se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido.

9 Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Que la alegría de ustedes se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza.

10 Humíllense delante del Señor, y El los exaltará.

Cap. 5, Vers. 19-20

19 Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver,

20 sepan que el que hace volver a un pecador de su mal camino, se salvará de la muerte y obtendrá el perdón de todos sus pecados.

(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás)

Comentario:

Los hombres causan dolor a Dios con sus pecados. Ojalá nosotros no estemos en el número de los que ofenden a Dios, y si somos de estos últimos, entonces hoy es el tiempo de cambiar de vida, de convertirnos, porque no sabemos cuánto tiempo nos ha concedido el Señor para nuestra conversión. “Teme al Señor que pasa”, dice la Escritura; y también: “De Dios no se ríe nadie impunemente”. Entonces tomémonos en serio nuestra salvación y trabajemos con perseverancia por ella, porque no sabemos ni el día ni la hora, no solo de la Segunda Venida de Cristo, sino tampoco del momento de nuestra propia muerte que, para nosotros, será como el fin del mundo, porque en ese momento seremos juzgados y se pronunciará sobre nuestras almas el juicio definitivo que nos dará o Cielo o Infierno. Estamos a tiempo todavía si estamos leyendo este mensaje. Dios nos está llamando a través de este mensaje, para que no dejemos pasar este momento tan especial que la Misericordia divina nos concede. De nosotros depende, porque Dios ya ha hecho todo por nosotros, ahora es nuestro turno.

lunes, 8 de febrero de 2010

La familia.


La familia

Dios quiere la familia. No se puede destruir la familia, sin causar la destrucción de la sociedad. Porque Jesús mismo quiso nacer en una familia constituida por María, José y Jesús.

El demonio odia la familia y, en estos tiempos más que nunca quiere destruirla de todos los modos posibles. Muestra por los medios de comunicación social como la televisión y el cine, otros modelos que no son familias sino uniones de cualquier tipo. Hasta se quiere legalizar la unión homosexual con la adopción de niños.

Es que Satanás odia al hombre, y no solo quiere destruir a Cristo y a su Iglesia, sino que también odia al hombre, a la humanidad y a la naturaleza toda. Él quiere destruir todo.

Pocos son los que ven claro todo esto, pero ya vamos viendo las consecuencias de la destrucción de las familias, porque aumenta la delincuencia y la maldad de todo tipo.

Como siempre, en la raíz de todo desorden, está el pecado, en este caso el pecado de adulterio y de lujuria, porque Dios quiere que el hombre y la mujer se casen y formen una familia estable. Pero en los medios, especialmente la televisión, que está en poder del Maligno, se hace propaganda a toda clase de impureza y se incita a la gente a que sea infiel a su esposo o a su esposa, a que sean “vivos”, que sean “modernos”.

¿Pero la Palabra de Dios puede cambiar? ¿Si los tiempos cambian, puede cambiar lo que Dios ha decretado con su sabiduría infinita? ¡No! Porque lo que Dios manda no lo manda por capricho sino que es para nuestro propio bien. Y ya estamos viendo lo que sucede por no hacer lo que Dios pide: la sociedad se destruye.

Ya lo dice Jesús en el Evangelio: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.

Estamos a tiempo todavía. La Virgen en todos sus mensajes nos pide que nos convirtamos, que volvamos a cumplir los Mandamientos, que la humanidad vuelva a los caminos de Dios, porque de lo contrario nos vendrán grandes castigos.

Por lo menos nosotros, los que vemos estas verdades, no desaprovechemos este tiempo de vida que tenemos sobre la tierra, y volvamos a Dios, antes de que sea demasiado tarde.

domingo, 7 de febrero de 2010

En tu palabra echaré las redes.


El Evangelio nos ofrece el diálogo, sencillo y profundo a la vez, entre Jesús y Simón Pedro, diálogo que podríamos hacer nuestro: en medio de las aguas tempestuosas de este mundo, nos esforzamos por nadar contra corriente, buscando la buena pesca de un anuncio del Evangelio que obtenga una respuesta fructuosa...
Y es entonces cuando nos cae encima, indefectiblemente, la dura realidad; nuestras fuerzas no son suficientes. Necesitamos alguna cosa más: la confianza en la Palabra de aquel que nos ha prometido que nunca nos dejará solos. «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5). Esta respuesta de Pedro la podemos entender en relación con las palabras de María en las bodas de Caná: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Y es en el cumplimiento confiado de la voluntad del Señor cuando nuestro trabajo resulta provechoso.
Y todo, a pesar de nuestra limitación de pecadores: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). San Ireneo de Lyón descubre un aspecto pedagógico en el pecado: quien es consciente de su naturaleza pecadora es capaz de reconocer su condición de criatura, y este reconocimiento nos pone ante la evidencia de un Creador que nos supera.
Solamente quien, como Pedro, ha sabido aceptar su limitación, está en condiciones de aceptar que los frutos de su trabajo apostólico no son suyos, sino de Aquel de quien se ha servido como de un instrumento. El Señor llama a los Apóstoles a ser pescadores de hombres, pero el verdadero pescador es Él: el buen discípulo no es más que la red que recoge la pesca, y esta red solamente es efectiva si actúa como lo hicieron los Apóstoles: dejándolo todo y siguiendo al Señor (cf. Lc 5,11).

jueves, 4 de febrero de 2010

Signos de los Tiempos.


A nivel mundial.

Vemos cómo a nivel mundial se está orquestando una persecución a Dios y a su Iglesia, preparando así el terreno a quien puede llamarse Negación, es decir, al Anticristo, que todo lo negará. Es tiempo de sacudirnos las mantas de encima y despertarnos de este sueño en que estamos los católicos y los cristianos en general, para empuñar las armas de la oración y de la penitencia, del apostolado y de la extrema llamada a la conversión, antes de que sea demasiado tarde. Sabemos que la victoria será de Cristo y su Madre, pero eso no quiere decir que no sea cruda la batalla, porque el mismo Señor ha dicho que si aquellos días no se abreviaran, nadie podría resistir, ni siquiera los mismos elegidos. Entonces preparémonos concienzudamente, sin tener miedo y consagrándonos al Corazón Inmaculado de María, donde tenemos nuestro refugio. Ha llegado el tiempo de la valentía y del heroísmo. Con María de la mano podremos todo y debemos lanzarnos al combate, porque hoy más que nunca se cumple aquello que dijo el Señor en su Evangelio: “El que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que entregue su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Despreciemos nuestra vida en este mundo y, aunque en este mundo parezcamos a los ojos de los hombres unos fracasados, en realidad lo que importa es lo que somos ante los ojos de Dios. ¡Ave María y adelante!

¡Ven Señor Jesús!

miércoles, 3 de febrero de 2010

Vivir en gracias de Dios.


Lo más importante para un hombre, lo único importante en definitiva es vivir en gracia de Dios, vivir y morir en gracia de Dios. Porque si perdemos la gracia santificante, hemos perdido todo. Inútilmente Dios nos ha creado, inútilmente Jesús nos ha redimido, inútilmente el Espíritu Santo nos ha santificado. Somos un verdadero fracaso. Esto sí que es fracasar. Porque en esta vida los hombres creen que los fracasos son un matrimonio separado, una carrera abandonada u otras cosas por el estilo. Pero no, el verdadero fracasado es el que vive en pecado mortal, que ha perdido la gracia, y si muere en ese miserable estado se condenará para siempre en el Infierno.

Cuando estamos en gracia de Dios, Dios habita en nosotros, somos templos del Espíritu Santo y objetos del amor de Dios. Cuando estamos en pecado mortal somos dignos de la ira divina y el demonio mora en nuestra alma y tiene poder para influir en nuestra vida y en nuestros asuntos.

Entonces ¡qué importante es que vivamos cumpliendo los Diez Mandamientos y las enseñanzas de Jesús en el Evangelio y jamás cometer un pecado grave! Y si tenemos la desgracia de cometerlo, entonces no dejemos la confesión para más adelante, sino hagamos un acto de contrición perfecta, es decir pedirle a Dios perdón por el pecado, por amor a Él, por haberlo ofendido y no por miedo al Infierno; con el firme propósito de confesarnos cuanto antes con un sacerdote.

Si viéramos lo que es un alma en pecado mortal, quedaríamos aterrorizados.

En estos tiempos se ha perdido conciencia del pecado, se comete como si nada fuera y ya no se confiesa.

Ojalá sintamos todavía remordimientos cuando cometemos un pecado, porque es señal de que el Espíritu Santo nos guía, ya que el remordimiento es un don del Espíritu Santo para llevarnos al arrepentimiento y a la salvación.

Así que no juzguemos a alguien como rico o pobre según el mundo, es decir, según lo material; sino que debemos juzgar la riqueza o la pobreza según ese hombre esté o no esté en gracia de Dios. Si está en gracia de Dios es la persona más rica del universo. Si está en pecado mortal es el ser más pobre del mundo.

Recemos mucho por los pecadores, para que vean el lamentable estado en que se encuentran sus almas y se conviertan y se salven, porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

martes, 2 de febrero de 2010

A tí, Señor, me acojo.


Salmo 70
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mi tu oído, y sálvame.

Sé tu mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú,
Dios mío, líbrame de la mano perversa.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.