jueves, 30 de diciembre de 2010

Feliz Navidad y próspero Año Nuevo 2011

Te deseo, que el Niño Jesús, en el Nuevo Año, te allane tús caminos y te dé lo que desea tú corazón (si es para bien de tú vida).

martes, 28 de diciembre de 2010

Los Santos Inocentes.

Del santo Evangelio según Mateo 2,13-18
Cuando los magos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.» Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.
 Para la reflexión personal.
• Herodes mandó matar a los niños de Belén. El Herodes de hoy sigue matando a millones de niños. Mueren de hambre, de enfermedad, de desnutrición, por el aborto. ¿Quién es hoy Herodes?

• Mateo ayuda a superar la crisis de fe y de identidad. Hoy, muchos viven una crisis profunda de fe y de identidad. El Evangelio, ¿cómo puede ayudar a superar esta crisis de fe?

martes, 21 de diciembre de 2010

NAVIDAD




No es el tiempo en el que más se reza, sino en el que más se compra.

No es el tiempo en el que más nos arrodillamos, sino en el que más nos adornamos y nos divertimos.

No es el tiempo en el que vivimos pendientes de la señal de la estrella para encontrar al niño Dios, sino pendientes de los anuncios de la televisión y la propaganda para encontrar lo que deseamos adquirir y lo que queremos estrenar.

¡Qué alteración de vida, qué frenesí en las calles, qué tumulto en la tiendas!  ¡Cuánta vanidad, compromisos, felicitaciones y endeudamientos!

¡Cuanta sofocación y cuántos movimientos llenan la tierra!  ¡Y qué soledad, qué desolación, qué intima paz llenan la gruta de Belén!

Las tiendas se abarrotan porque todos quieren "cosas".  Y la gruta está vacía porque pocos quieren fe.

Todos están adorando su dinero y desperdiciando la riqueza de su salvación.

¡Qué contagio colectivo produce la sed insaciable de "tener"!  Y qué lejos de todo parecen los preocupados por "ser", por entrar en su Navidad interior y ofrecer amor.

Hay culto de comercio, no adoración de Dios.

Hay religión de banquetes, no fuego de pesebre.

Hay fe de postalitas, no de espíritu divino.

Hay luces de foquitos, no de corazones encendidos.

Se abren las puertas para Dios ¡y entra el mundo!  Abren los salones para los ricos y se olvidan de los pobres y de los tristes.  Se pregona la gran verdad y parece una gran mentira.  Suenan las campanas, se prenden los arbolitos, se aturden los hombres, todos comprometidos con la sociedad pero desprevenidos del Salvador del Mundo.

Vivimos con sentido porque Cristo nace.  Ahí comienza nuestra salvación.  Creemos con seguridad porque se hizo hombre para traer una doctrina.  Caminamos con dirección porque desde su nacimiento nos trajo luz para mirar y eje para sostenernos.

Pero nuestro afán es de mucho supermercado y poco templo, muchas vidrieras y pocas "figuras", muchos festejos… y poca reflexión.  Mucho trono, pero muy poco rey, mucho buscar y buscar sin encontrar con qué llenarse.

Como si el alma fuera un paquetico con moño de regalo, y el corazón, un ornamento de vitrina, y Dios, una bonita historia sin trascendencia en nuestra vida.

Todos se apresuran a cumplir las órdenes de la moda y de la sociedad, y pocos se detienen a meditar en el mandamiento del amor y en el sentido del misterio.

Todos, en una doble Navidad, en un doble ramaje, una doble cara, una doble postura, una doble antena.  Como si Cristo y el mundo moderno se pudieran encasillar juntos para pasar la Navidad.

Hay cosas que no pueden fundirse ni empatarse, ni confundirse.  Cosas que se excluyen.

Porque no puedes arrodillarte y a la vez desenfrenarte.  No puedes rezar en la iglesia y a la vez aplaudir el vicio fuera de ella; mirar el cielo y enlodar la tierra; pararte en el mundo y disfrazarte de lo que te convenza.

No puedes decir que nace Cristo mientras tú te diviertes, te insensibilizas, te disipas, te duermes.

Cristo estableció el amor.  Cristo cambió las costumbres por la conversión de la vida, y planeó la libertad del cristiano y la luminosidad de la vida.

No hay más que una Navidad y un Nacimiento para llenar los rincones de tu alma.  No hay más que un niño Dios para llevar la luz al fondo de tu corazón.  No hay más que una estrella para cuidar tus pasos.

Y si quieres proteger tu vida, no hay más que esa gruta para resguardarte.

Hoy es el día de los niños, de las tradiciones, de los pobres, de los desamparados.  Del perdón espontáneo, de la plegaria tibia, del corazón fuera del pecho, de vaciar las alforjas, de pedir perdón…

¡Y lucirse en la caridad del Señor!

Articulo de:
Zenaida Bacardí de Argamasilla

¡Feliz Navidad!

jueves, 16 de diciembre de 2010

Que no se pierda ni uno solo de estos pequeños.


La primera misión de los padres: llevar a los hijos a Dios.
No hay mejor herencia para un hijo que la fe y la confianza en Dios; no hay mejor regalo para ellos en esta Navidad - y siempre - que acercales al Señor; no hay mejor misión para una familia que enseñar a un hijo a rezar.
En la transmisión de la fe a los hijos, nos jugamos mucho, no sólo el futuro de la sociedad o de la Iglesia, sino la felicidad terrena y la salvación eterna de los propios niños.

Para llevar a tus hijos al cielo:

* Primero vivamos nosotros mismos una relación profunda con Dios: si damos importancia a Dios, Dios será importante para nuestros hijos.
* Procuremos no vivir solos la fe: unirnos a un grupo, a una comunidad en la que alimentarnos y vivir.
* La familia que reza unida...: los padres deben rezar juntos, y tambien con los hijos, todos los dias.
* Sólo el amor es digno de fe: quiéreles como el Señor los quiere, y ellos darán créditos a tus palabras, y a la Suya.
* No reducir la fe a una moral: el Niño Jesús tambien nos quiere cuando somos malos: éste puede ser el primer encuentro de un niño con la misericordia de Dios.
* Apaga la tele, y ojo con Internet: la mayor parte de sus contenidos son una contracatequesis. Cuando no lo son, quitan tiempo para hablar y estar juntos. Y lo que no es bueno para un niño, tampoco lo es para un adulto: somos lo que vemos, y eso es lo que al final transmitiremos.
* Vivir la vida y explicarla desde una perspectiva sobrenatural: debemos confiar en Dios ante la falta de trabajo, darle gracias por lo que tenemos, rezar por quienes no tienen nada o están enfermos...
* Hay que recuperar las devociones diarias: Vivir la fe es más que ir a misa, hay que bendecir la mesa, ir a saludar a la Virgen después de la Eucaristía, rezar por la mañana, por las noches, cuando se inicia un viaje, montar el belén y rezar delante de él, ir a la Misa del gallo...
* Recupera el Rosario y rézalo con tus hijos: no hay mejor atajo que María para llevarnos a Dios.
* Tus hijos son más de Dios que tuyos: recuerda la responsabilidad que Dios te ha dado al confiarte su custodia en esta vida. Tu primera tarea como padre: intentar llevarles al cielo.
* No desesperes: si las cosas no salen como esperas, recuerda que, si tú los quieres mucho, Dios los quiere todavía más; no pueden estar en mejores manos, y Él maneja los tiempos.
Alfa y Omega (Semanario Católico de Información) nº 716 del 16-12-2010.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ NOS AGUANTA?

Rara es la mañana, que al repasar la prensa, no me sobresalte ante noticias que laceran al alma. Me refiero a los continuos ataques que la Iglesia , el papa y los católicos reciben. Lo más desalentador es cuando esas críticas tienen su origen, en personas que deberían ser guías y modelos a seguir en la entrega al Señor. Hace unos días ya hablé de una de estas experiencias.

Existen jornadas, en que esas noticias, te desarman y te dejan a merced del desaliento. Me pregunto entonces “¿Cómo puede Dios aguantar por más tiempo , tanta ingratitud?”.

Me topé una vez con una frase de la Madre Teresa de Calcuta, donde expresaba la siguiente reflexión: “Cada niño que nace nos dice que Dios no se ha cansado del hombre”.

¿A quién no se le mete en la cabeza una pregunta, y le da mil vueltas, hasta que encuentra repuesta? Pues ese “aguante de Dios” me ha estado acompañando días, y me llegó la contestación. 

Dios aguanta porque:

María es madre, y es la primera que intercede por nosotros. Lo ha manifestado en casi todas sus apariciones.
Porque debido a la diferencia de horarios, se está celebrando continuamente en el mundo la Santa Misa. Que allí donde hay un sacerdote celebrándola está toda la Iglesia.Que una Misa contiene en sí misma, todas las gracias necesarias para la humanidad. Que una sola Misa es el Cielo en la tierra.

Dios aguanta:

Porque tenemos un Papa entregado, que nos guía fiel y sumiso a los designios de Dios.
Porque nuestros Pastores, cuidan cada vez más del rebaño encomendado.
Porque hay más de 450.000 mil sacerdotes en el mundo que lo hacen posible.
Porque hay más de 115 .000 seminaristas que quieren hacerlo
Porque hay misioneros, que no cesan de llevar la palabra de Dios.
Porque hay más de 4.000 monasterios de clausura, que no cesan de alabar al Todopoderoso.
Porque hay numerosos religiosos-as ,de vida activa que se vuelcan en el prójimo, porque en ellos ven a Dios.
Porque hay miles de laicos que se consagran al Señor.
Porque hay muchas familias, que siguen cuidando de las almas que les han sido entregadas
Porque hay muchos, muchos, que Sí creen en Dios y disfrutan la vida con EL.
Porque hay numerosos enfermos, gente que sufre en el cuerpo y en el alma que no paran de ofrecerlo al Señor.
Porque hay muchos jóvenes, que no se conforman en dejarse arrastrar por la corriente.
Porque siguen existiendo mártires de la Fe.
Porque con nuestra actitud de coherencia, valentía y testimonio, vamos a demostrarle que puede seguir confiando en la humanidad.
Porque el sacrificio de su Hijo no fue en vano y vamos a gritarlo por doquier.
Porque seguimos confiando en ÉL.
¡Alabado sea Jesucristo!

lunes, 13 de diciembre de 2010

Una gran figura del Adviento es San Juan Bautista.

Una gran figura del Adviento es San Juan Bautista. El hombre enviado por Dios para preparar los caminos del Señor. Tenía un corazón ardiente, fraguado en la oración solitaria del desierto y con una humildad y penitencia a toda prueba. Benditos sean los santos que con vida no permiten que se apaguen las luces de la verdad en nuestro sendero hacia Dios.
Sofismas y engaños para neutralizar estas luces tenemos tantos cuantos "nuestro amor carnal y mundano" (San Ignacio) puede sugerirnos. Pero a los buscadores de la verdad no les importan las argucias: tienen la mirada simple que da el Espíritu y ven con nitidez distinguiendo la luz y las tinieblas.
Hoy no es un secreto que hay cosas en la Iglesia que no marchan bien.
Como nos advertía el Señor hay "trigo y cizana". A pesar de lo mucho bueno debemos hacer un serio examen de conciencia y una sincera penitencia que lleva consigo la enmienda de nuestra vida.
Entre otras cosas dejémonos corregir. Mucho más cuando que la corrección nos viene de la Iglesia. A veces, una sencilla frase de un discurso del Papa o una recomendación de los Obispo o de un Cardenal en una instrucción en nombre del Papa, si suena a corrección, levanta una polvareda tal protestas y descalificaciones, que nada tiene que ver con la humilde acogida y consiguiente examen personal que uno debe hacer de sí mismo a propósito de una corrección hacha por quien tiene autoridad para hacerla.
Duro fue San Juan Bautista en sus correcciones. No sé si logró mucho. Al menos logró cumplir con su deber. Meditemos el consejo del San Juan de la Cruz: "Déjate enseñar, déjate mandar, déjate sujetar y despreciar, y serás perfecto" (Dichos de Luz y Amor, nª 111.).
Articulo de: Gaspar Bustos Álvarez ( Delegado para el Clero ).
Semanario Diocesano de Información y Formación Cristiana - Nº 262 - 12 de Diciembre de 2010.
IGLESIA EN CÓRDOBA.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Esperanza, ¿cristiana o atea?

El hombre no puede vivir sin esperanza. La esperanza es el motor de la vida humana. Depende de dónde ponga el hombre sus esperanzas, para que se sienta más o menos realizado, cuando alcanza lo que espera. O, por el contrario, se sienta defraudado cuando no se cumple aquello que esperaba.
La esperanza cristiana se apoya en Dios, que es fiel y cumple siempre. La esperanza cristiana es una virtud teologal, que tiene a Dios como origen porque es Él quien la infunde en nuestros corazones, es una virtud que nos lleva a  fiarnos de Dios y a desear que cumpla en nosotros y en el mundo sus promesas. Dios Padre nos promete hacernos partícipes de su vida en plenitud y para siempre. Por medio de su Hijo Jesucristo nos ha redimido del pecado y nos ha hecho hijos suyos.
Nos da constantemente el don de su Espíritu, que llena de esperanza nuestros corazones. Nos llama a vivir en comunidad en su Santa Iglesia, como familia de Dios que anticipa el cielo nuevo y la nueva tierra.
La esperanza cristiana ha transformado la historia de la humanidad. Ha llenado el corazón de muchos hombres y mujeres, moviéndoles a dar su vida por Cristo y por el Evangelio.
Es una esperanza que la muerte no interrumpe, sino que precisamente en la muerte encuentra su cumplimiento, pues la muerte nos abre al encuentro definivo y pleno con Dios para siempre en el cielo. Es una espranza que nos lleva a amar de verdad, a Dios y a los hermanos, hasta el extremo de dar la vida.
Para los que no tiene a Dios, o porque no le conocen todavia o porque lo han rechazado, hay otra esperanza, que no tiene tanto alcance ni mucho menos. Es una esperanza de los bienes de este mundo, que aún siendo buenos son pasajero. Esperar la salud, la prosperidad terrena de los mios. Esperar cosas de este mundo, que aún siendo buenas nunca sacian el corazón humano.
En definita, cuando no es Dios el motor de nuestra esperanza, vivimos con las alas recortadas sin vuelos largos que entusiasman y llenan el corazón. Una esperanza sin Dios es una esperanza temerosa de perder incluso aquello poco que se tiene ( y es mayor el temor de perderlo, si es mucho lo que se ha alcanzado).
Dios es la única garantía que elimina todo temor, y nos hace vivir en el amor.
El marxismo ha predicado una esperanza, que al concretarse en la realidad histórica a lo largo del siglo XX, ha supuesto un rotundo fracaso. He ahí el progreso de los países socialistas del Este. Cuando en 1989 cayó el muro, pudimos constatar la pobreza inmensa de los que esperaban el "paraíso terrenal", que nunca ha llegado.
La esperanza marxista es el sueño de algo que no existe (utopía). Es una esperanza engañosa, porque pone en movimiento al hombre y a la sociedad, pero lo hace proyectando un espejismo, que nunca se realiza. Esta esperanza ha llevado al odio por sistema, a la lucha de clases, a la revolución e incluso al terrorismo.
La esperanza cristina, sin embargo, es la certeza de una realidad que se nos brinda como regalo de Dios y como plenitud humana. Y Dios cumple siempre sus promesas.
La  esperanza cristiana brota de la certeza generada por la fe, no es una proyección del corazón humano que inventa lo que no tiene, soñando aunque sea mentira. Y lo que Dios nos promete ya existe, está preparado, lo veremos plenamente en el cielo, y lo vemos continuamente realizado por el amor en nuestras vidas.
No es una utopía, sino una reliad futura, que se va haciendo presente en la medida en que esperamos y nos abrimos al don de Dios.
Que el tiempo de adviento nos haga crecer en la esperanza, de la buena. Esa esperanza que se apoya en Dios y no defrauda. Que este tiempo santo disipe tantos ídolos , que quizá nos llevan a esperar, pero con una esperanza que desaparece como el humo.
El corazón humano no puede vivir sin esperanza. Pongamos en Dios nuestra esperanza, y nunca seremos defraudados.
Con mi afecto y bendición:
Demetrio Fernández (Obispo de Córdoba).
Semanario Diocesano de Información y Formación Cristiana - Nº 262 - 12 de Diciembre de 2010.
IGLESIA EN CÓRDOBA.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La Venida del Señor.

Jesús debe volver a la tierra, con gloria y majestad, a juzgar a vivos y muertos; y si bien esta venida no sabemos si está cercana o lejana, sí sabemos que siempre tenemos que estar preparados para ella, porque el Señor lo ha mandado así, ya que Él vendrá a la hora menos pensada, a la hora que nadie lo espera.
¿Quién espera hoy al Señor que viene? Ya pasaron más de dos mil años y Jesús no ha vuelto, y parece que se prolongará mucho más su vuelta. No sabemos cuándo acontecerá semejante prodigio.
Pero es bueno que recordemos que, si bien la venida del Señor y el fin del mundo no estén tan cercanos, sí están muy cercanos para nosotros la muerte, que es la venida de Jesús para cada uno de nosotros, y el juicio sin apelación posible, en que se decidirá nuestro destino eterno: Cielo o Infierno.
¿Y la muerte cuándo nos puede venir? No lo sabemos, ya que mueren tanto los niños, como los ancianos y los jóvenes; en las más diversas clases de muerte. Por eso tenemos que estar siempre preparados para recibir al Señor que, en la muerte, nos viene a visitar y a buscar.
¿Y cómo hay que estar preparados? Simplemente viviendo SIEMPRE en gracia de Dios, y jamás en pecado mortal, porque si nos sorprende la muerte en este lamentable estado, nuestro destino será el horrendo y eterno Infierno.
Vivamos cada día como si fuera el último; pero no para gozar sin límites y aprovechar el tiempo para pecar, sino que tenemos que aprovecharlo para hacer buenas obras y atesorar para el Cielo, porque la vida, la verdadera vida comienza después de la muerte, que será bienaventurada para los justos, y espeluznante para los réprobos.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Carta del Santo Rosario.

El Rosario y la vida espiritual. 
Esta oración [el Rosario] ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes.
 (De la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae) 
Comentario: 
Estas son las palabras del Papa Juan Pablo II, que fue el Papa de la Virgen, el Papa del Rosario. Y la Santísima Virgen lo fue formando con el rezo del Rosario desde su juventud para que llegue a ser lo que fue.
En nuestra vida espiritual debemos dar gran importancia al Rosario, porque en cualquier grado de la vida espiritual en que nos encontremos, siempre será verdad que el rezo del Rosario no estorbará, sino que sostendrá y fortalecerá nuestra santificación y nuestro espíritu.
Hoy es necesario enseñarle a la juventud las maravillas que tiene rezar el Rosario, porque los jóvenes son el futuro del mundo, y una juventud que reza el Rosario vencerá al Infierno.
El Rosario no es solo para mujeres, sino que es también para varones. Los soldados lo rezaban antes de entrar en combate, para granjearse la protección de Aquélla que es Capitana de los Ejércitos de Dios.
A veces nos parece que no podemos hacer nada para que el mundo cambie, pero en realidad tenemos la llave de la solución de todos los problemas: el rezo diario del Rosario. Cuantos más Rosarios recemos, tanto más estaremos colaborando en la salvación de la humanidad, en el bien de los hombres y en nuestra propia santificación. Porque quien reza el Rosario no está solo, sino que tiene como aliada a la Santísima Virgen, terror de los demonios y consuelo y debilidad de Dios.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Despreocupados.

Los hombres vivimos despreocupados y en medio de risas y cantos, hasta que en nuestra vida nos visita el dolor, entonces comprendemos que esta tierra es un valle de lágrimas, y que muchos son los que sufren, y entonces nos hacemos compasivos, porque experimentamos en carne propia lo que es el dolor.
Muchas veces el dolor es un excelente maestro, porque nos hace desaparecer nuestro corazón de piedra, y lo cambia por uno de carne, que es compasivo con el sufrimiento de los hermanos.
Cristo también quiso venir a sufrir por nosotros y con nosotros, y por eso Él experimentó en sí mismo todo el dolor humano, y por experiencia nos puede consolar, porque Él bien sabe lo que es sufrir, y lo difícil que se hace a veces sufrir.
Cuando vamos caminando y pasamos junto a un hospital o un sanatorio, pensemos en la gente que en esas camas está sufriendo, mientras nosotros gozamos de salud, y demos gracias a Dios porque estamos sanos, y pidamos por esas personas que están en su lecho de dolor, y tengamos compasión de ellas, porque en cualquier momento nos puede tocar a nosotros o a un familiar nuestro.
Si hacemos así, entonces viviremos la vida seriamente. Esto no quiere decir que estaremos tristes, sino que viviremos alegres, pero tomando conciencia de la gravedad del vivir en este mundo, y de la importancia de la salvación.
Porque, en definitiva, todos tenemos que completar a lo que falta a la Pasión del Señor, y Jesús nos ha reservado a cada uno de nosotros una partecita de su Cruz, para que le ayudemos en la redención de las almas, y así tengamos parte con Él en el triunfo final en el Cielo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Qué tenemos que hacer?

“¿Qué tenemos que hacer?”, le preguntaban las personas que se acercaban a Juan el Bautista, y él les respondía lo que debían hacer para convertirse y salvarse.
Y esta pregunta nos la debemos hacer también nosotros hoy: ¿Qué debemos hacer? ¿Qué debo hacer? Porque de la respuesta que obtengamos, tendremos que hacer depender toda nuestra vida.
¿Y a quién hay que hacerle esta pregunta? A la Iglesia Católica, que es el mismo Cristo, y que, a través de la autoridad del Papa y de los Obispos en comunión con el Papa, nos dicen qué debemos hacer, y qué debemos evitar, para alcanzar el Cielo y no caer en el Infierno.
También Dios nos va inspirando buenas acciones y obras que, si las ponemos en práctica y secundamos con fidelidad, nos santificarán y haremos muchísimo bien a las almas y a nosotros mismos.
Porque si bien nos salvamos por la fe en Jesucristo, Hijo de Dios, también son necesarias las obras, ya que el Señor juzgará a cada uno, no según las palabras que haya empleado, sino según las obras que haya realizado.
Y nuestra actitud para con el Señor debe ser la del antiguo profeta. Decirle a Dios: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
Escuchar, es oír con atención, y poner en práctica lo que se oye. Por eso en la Transfiguración de Jesús, el Padre dice a los tres apóstoles, y en ellos a todos nosotros: “Escuchadle”, es decir, oíd lo que dice mi Hijo y ponedlo por obra.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Evangelio del domingo 5 de diciembre de 2010

Evangelio del domingo 5 de diciembre de 2010

Por favor haz clic, en el enlace de arriba, gracias.


En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre.
La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca?
Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: 'Tenemos por padre a Abraham'. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible" (Mt 3,1-12).

jueves, 2 de diciembre de 2010

Confiar aún en la enfermedad.

“Confianza”, decía [Jesús] también a la enferma abandonada que sólo de Él esperaba la cura, “tu Fe te ha salvado”.
(De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 
Comentario: 
Es fácil confiar en Dios cuando estamos rebosantes de salud y la vida nos sonríe. Pero es más difícil confiar en Dios y en su bondad infinita cuando nos sobreviene alguna enfermedad. Nos sentimos “castigados” por Dios, y como le sucedió al mismo Job, hasta nuestros amigos piensan para sus adentros que si nos sucede eso, será porque algo malo debemos haber hecho.
¡Qué distintos son los caminos de Dios a los caminos de los hombres! ¡Cómo ve distinto Dios a como ve el hombre!
¡En el Cielo nos vamos a llevar tantas sorpresas!
Porque hay que saber que una enfermedad bien llevada, generalmente nos hace ganar el Paraíso a nosotros y a muchos otros; y que la buena salud, en cambio, ¡a cuántos ha perdido para siempre en el abismo del Infierno!
Muchos solo quieren la buena salud para gozar más y más contra la Ley de Dios. Y a veces lo obtienen, porque el demonio, que es causa de todo mal, los preserva de la enfermedad para tenerlos en el Infierno y torturarlos por los siglos de los siglos.
¡Cuántas veces una enfermedad o dolor es como un sacudón que nos hace despertar de la vida de pecado que llevábamos y nos hace volver al buen camino!
Confiemos en Dios. Pidámosle en la oración que nos cure si estamos enfermos, pero solo si es de su agrado y voluntad, y si es un bien para nosotros, es decir, para alcanzar el Cielo.
Confiemos en Dios a pesar de las apariencias, porque sabemos que Dios todo lo puede y es Bueno, y no quiere nuestra ruina, sino que con la cruz nos ganemos el Paraíso.