viernes, 28 de enero de 2011

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia.-

Tomás nació en medio de una aristocrática familia, alrededor de 1225. A pesar de la fuerte oposición de los suyos, ingresó en la Orden de Santo Domingo a la edad de 19 años.
En 1245, los Superiores lo enviaron a estudiar a París, donde sus dotes de humildad hicieron que al principio, su gran inteligencia y saber pasasen desapercibidos. Los condiscípulos llegaron a llamarlo, por su silenciosa y meditativa timidez, y su físico corpulento, “el buey mudo”.
Al recibirse de bachiller, siguiendo el orden académico de la época, comenzó a enseñar en la Universidad de París, y compuso obras como sus Comentarios sobre el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, sobre el libro de Isaías y sobre el Evangelio según San Mateo.
Cuatro años más tarde, se le confió la cátedra de doctor, encargado de enseñar, discutir y predicar. Algún tiempo después, empezó a escribir "La Suma contra los Gentiles".
De 1259 a 1268, el Santo era muy popular en toda Italia, país en el que enseñó y también predicó en muchas ciudades. Hacia 1266, comenzó a redactar la más famosa de sus obras, "La Suma Teológica".
De vuelta a París, Santo Tomás continuó, en medio sus clases, con las predicaciones y discusiones públicas, la redacción de la Suma, incluido el Tratado de la Eucaristía.
Dice una tradición, que el Crucifijo le habló y le dijo: “Has escrito bien de mí, Tomás”, confirmando su teología eucarística. Posteriormente, fue llamado de nuevo a Italia, para ocupar el cargo de rector en la Universidad de Nápoles.
Al año siguiente, por causa de una poderosa visión, Tomás cesó de escribir y enseñar, sin terminar "La Suma Teológica".
Se hallaba muy enfermo cuando el Papa Gregorio X lo invitó al Concilio de Lyon. Pero, durante el viaje, su enfermedad se agravó aún más, siendo trasladado a la Abadía cisterciense de Fossa Nuova, donde falleció en la madrugada del 7 de marzo de 1274.

lunes, 24 de enero de 2011

Fuerza de la Palabra.

Al salir de sus labios adorables, vibrante de ternura y de piedad, esta palabra divina operaba en las almas una transformación maravillosa. Un rocío sobrenatural les fecundaba su aridez, rayos de esperanza les disipaban las tinieblas, una tranquila serenidad ahuyentaba sus angustias. Porque las palabras del Señor “son espíritu y son vida”. “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.
Como otrora a sus discípulos, es ahora a nosotros, a quienes nuestro Señor invita a la confianza. ¿Por qué rehusaríamos oír su voz?
(De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent
Comentario: 
La Palabra de Dios es viva y eficaz, e infunde fuerza y confianza en quien la acoge en su seno y la conserva en su corazón. En todo su Evangelio el Señor nos anima a confiar en Él.
Jesús quiere que confiemos en Él, porque nada lo hiere más que la desconfianza de las almas, especialmente la desconfianza de las almas elegidas particularmente.
¿Por qué no queremos confiar en Dios? Si sabemos que nada de lo que sucede en el mundo material o espiritual, puede escapar a la Providencia de Dios, ¿por qué no vivimos tranquilos, sabiendo que todo lo que suceda en nuestra vida y en el mundo es querido o, al menos, permitido por Dios para sacar un bien? Los mismos castigos y desgracias, son formas de llamar a nuestras almas al arrepentimiento y a la conversión, para que por la mengua de bienes materiales, entremos en nosotros, reflexionemos y cambiemos de vida, levantándonos del pecado para ir a Dios.
Y si somos buenos y tenemos que sufrir alguna pena o muchas penas, tomémoslo como un descuento de lo que debemos por nuestros pecados pasados, por el castigo que merecemos por ellos, sabiendo que sufriendo aquí en la tierra es como acortamos enormemente nuestro Purgatorio, y también con nuestro sufrir obtenemos gracias para los hermanos y les aliviamos los castigos.
Pase lo que pase en nuestra vida o en el mundo, ¡confiemos en Dios!, porque Dios no permitiría nada si no sacara un bien de eso que ha permitido.

viernes, 21 de enero de 2011

Santidad.

Porque les digo, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. (Mt 5, 20) 
Enseñanza: 
Es bueno conocer la verdad, pero conocer la verdad y luego no seguirla es algo muy malo, hubiera sido mejor nunca haberla conocido.
Pero no por eso debemos dejar de conocer la verdad, porque solo la verdad nos hace libres, y conociéndola nos llenamos de una alegría espiritual, porque nuestro corazón está hecho para la verdad, y cuando la encuentra y la saborea, entonces se cumple aquello que dijo el Señor de que ya nunca más se tiene ni hambre ni sed, porque la Verdad nos colma y sacia.
A veces nos viene la tentación de no querer profundizar más en la verdad, porque si lo hacemos tendremos que cumplir más cosas y ya no tendremos excusas. ¡Que nunca nos suceda esto!, sino tratemos de conocer la verdad completa, con la ayuda del Espíritu Santo, porque el mismo Espíritu vendrá en nuestra ayuda para que podamos cumplir todas las exigencias de la vida cristiana.
Recordemos que todo consiste en amar a Dios. Pero no le podremos amar si no lo conocemos. Entonces tratemos de conocer a Dios y las cosas de Dios, de conocer la verdad, para así amarlo cada vez más y salvarnos y ayudar a salvar a muchas otras almas.
Los fariseos y escribas conocían la verdad pero no cumplían sus exigencias, y eso es un gran pecado, que les atrajo su ruina.

jueves, 20 de enero de 2011

La unidad de los cristianos (enero 2011)

El octavario de oración por la unidad de los cristianos no es una iniciativa que movilice grandes esfuerzos ni empeños en nuestra diócesis, debemos admitirlo.
Sabemos que está ahí cada año, en el mes de enero, antes de la fiesta de la conversión de san Pablo, pero es excepcional encontrar una comunidad que vibre con esta intención.
La despreocupación puede explicarse por nuestra peculiar realidad religiosa y social; durante siglos los términos católico y cristiano fueron equiparados sin ninguna dificultad en nuestra España. Y aún hoy, aunque la situación no sea ya así, el número de cristianos no católicos que hay entre nosotros es pequeño, dista mucho de la coexistencia entre iglesias que se da en tantas partes del mundo.

Pero como católicos –universales- haríamos mal en quedarnos mirando sólo nuestros propios problemas. Debemos sentir con toda la Iglesia la herida secular y lacerante de la división. Benedicto XVI, que ya en 2005 dijo que haría de la búsqueda de la unidad entre cristianos una prioridad de su pontificado, nos ha recordado que es una cuestión dolorosa y que, a todos, debe doler sin excepción. Un dolor que no se queda en el lamento sino que invita al compromiso esperanzado.


Un compromiso que se traduzca, aunque no solo, en la oración por la unidad. El octavario nos recuerda, por si lo olvidamos, que sólo Dios puede darnos la unidad deseada, que esta no llegará como fruto de diálogos teológicos o de cambios en costumbres y adaptaciones de leyes, aunque todas las iniciativas son necesarias. Se hará realidad como un don, un regalo de Dios que es quien puede convertir los corazones separados y hacerlo uno solo.

El lema de este año nos dibuja la situación de la comunidad cristiana en el tiempo apostólico: unidos en una misma fe y enseñanza, en una misma vida y bienes compartidos, en la oración y la Eucaristía.Pese a tantos intentos, a tantos acercamientos y pasos, este retrato de la comunidad no es aún una realidad entre los que creemos en Jesús y hemos recibido un mismo bautismo. Las diferencias están aún por delante de lo que nos une; ya no nos matamos en horrendas guerras de religión, pero estamos muy lejos de amarnos como discípulos del Maestro.
Queda mucho camino por hacer. Recorrerlo será cosa de todos. Que cada cual ponga su propio granito de arena, hecho de oración y buena voluntad.

martes, 18 de enero de 2011

Oración por la Misión Juvenil

Como ya sabréis el 18 y 19 de febrero tendrá lugar en la capital el encuentro final de la Misión Juvenil que ya se está preparando por todas las parroquias y colegios de la Diócesis.
Aquí te dejamos la oración, realizada con motivo de esta misión juvenil, por si todavía no ha llegado a tus manos en papel y encuentras un ratito para rezarla.

Oración para la misión juvenil

Señor Jesús, tú  llamaste a los primeros discípulos, y con tu predicación hiciste que muchos jóvenes te siguieran, descubriendo en ti el único camino, verdad y vida que llena el corazón del hombre de felicidad.
Te pedimos que la Misión Juvenil que celebramos en nuestra Diócesis sea un momento de encuentro vivo contigo, y una experiencia auténtica de Iglesia.
Que los jóvenes de hoy, sientan tu presencia cerca de ellos, de sus circunstancias personales, de sus aspiraciones y deseos, y descubran el amor misericordioso de Dios, manifestado en tu corazón; en ese corazón que miró al joven rico, que se compadeció de los enfermos y pecadores, y que se dejó traspasar en la cruz, por la salvación del mundo.
María, Madre nuestra, intercede por todos y cada uno de los jóvenes, y concédenos a todos, ser verdaderos discípulos, y testigos valientes y decididos de Jesucristo resucitado. Amén.
Oración facilitada por: Don Ignacio Sierra Quirós (Párroco de Castro del Rio) Córdoba.

lunes, 17 de enero de 2011

Dios no se toma vacaciones.

Dios no se toma vacaciones en su búsqueda del hombre...

1.- Vive la naturaleza
En la playa, en la montaña, en la serranía, descubre la presencia de Dios. Alábale por haberla hecho tan hermosa.

2.- Vive tu nombre y condición de cristiano
No te avergüences en verano de ser cristiano. Falsearías tu identidad.

3.- Vive el domingoEn vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Acude a la Eucaristía dominical. Tienes además más tiempo libre.

4.- Vive la familia
Dialoga, juega, goza con ellos sin prisas. Reza en familia. Asiste al templo también con ellos.

5.- Vive la vida
La vida es el gran don de Dios. No hagas peligrar tu propia vida y evita riesgos a la vida de los demás.

6.- Vive la amistad
Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas.

7.- Vive la justicia
No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales y respeta sus bienes.

8.- Vive la verdadEvita la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la vanagloria.9.- Vive la limpieza de corazón
Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale a permisividad.
10.- Vive la solidaridad
No lo quieras todo para ti. Piensa en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco toma vacaciones.
En verano seguimos siendo cristianos
En fin, estos diez mandamientos se vuelven a encerrar en dos: seguir dando «al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», o dicho de otro modo, en vacaciones y en todo tiempo, sigue acordándote de Dios y del prójimo, relacionándote con ellos como si ellos se relacionarán contigo.

Dios no se toma vacaciones en su búsqueda de amor al hombre. Las vacaciones pueden ser tiempo excepcional para salir a su encuentro. Y es que en verano, seguimos siendo cristianos. Es más, tenemos una magnífica oportunidad de serlo y de demostrarlo.



domingo, 16 de enero de 2011

¿A quién recurro?.


¿A quien recurro?
Cuando llegan, de golpe o poco a poco, los problemas de la vida, sólo Dios escucha cuando a nuestro alrededor no encontramos a alguien con paciencia para acogernos.

¿A quién recurro?Cuando llegan, de golpe o poco a poco, los diversos problemas de la vida, buscamos ayuda.

Esa ayuda puede ser especializada, puntual: si me duele la cabeza voy con un médico. Otras veces se trata de una ayuda más compleja, de tipo humano: si el jefe de oficina me crea dificultades veo si es posible encontrar una solución con el director ejecutivo de la propia empresa.

Si el problema es familiar, debido a tensiones por temas económicos o por conflictos que separan y hieren a unos de otros, es hermoso poder recurrir a alguien (el abuelo, un tío prudente, un hermano siempre disponible) para pedir consuelo, luz, consejos con los que sea posible afrontar la situación y vivirla, si no hay soluciones inmediatas, al menos con un poco de paz interior.

En los problemas del alma, ante la pena que produce reconocer los propios pecados, cuando abro los ojos ante ese egoísmo que me carcome, si el espejo empieza a denunciarme esas injusticias con las que he herido a otros, ¿a quién recurro?

Nos damos cuenta, entonces, que la medicina de los corazones sólo puede venir de Dios. Porque los familiares y amigos, los médicos y los psicólogos, el jefe de personal y el encargado de la oficina del banco, llegan sólo hasta cierto punto, pero nunca pueden ofrecer lo más esencial para el alma.

Sí: sólo Dios tiene la solución de los problemas más íntimos del hombre. Sólo Dios sabe lo que llevamos dentro. Sólo Dios perdona los pecados. Sólo Dios consuela cuando los médicos se rinden. Sólo Dios escucha cuando a nuestro alrededor no encontramos a alguien con paciencia para acogernos.
Por eso, cuando grito, con el Salmo, “¿de dónde vendrá mi auxilio?” puedo también hacer mía la respuesta: “Mi auxilio me viene de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra” (Sal 121,1-2).

Como Pedro, en Galilea, llega la hora de gritar desde el don de la esperanza: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,68-69).

jueves, 13 de enero de 2011

SANAME DE MI LEPRA

Jesús se presenta en toda Galilea predicando y expulsando demonios. Son muchos los que acuden a Él pidiendo por sus necesidades.
El Evangelio de Mc 1, 40-45, nos acerca la escena de Jesús sanando un leproso, hombre discriminado por su enfermedad y juzgado por sus pecados. La lepra sólo ha acentudado en él día tras día el dolor de la indiferencia y de la repugnancia de sus prójimos. Lo ha llevado a desvalorizarse de tal manera que su autoestima está quebrada totalmente.
Hoy son muchos los hermanos que están hundidos en la misma situación de este personaje del Evangelio. Jesús es el único capaz de trascender todo aquello que los seres humanos a veces anteponemos en una relación: prejuicios, percepciones, sensibilidades, aprensiones, rechazos, desconfianzas, temores, recelos, etc... el Maestro siempre antepone la persona, HUMANIZA y valora, DIGNIFICA y enaltece a quienes acuden a Él logrando así mayor apertura de quien se le aproxima.
Jesús desea nuestra felicidad, la añora más que nosotros mismos y nos acerca los medios para lograrla.El leproso del Evangelio nos caracteriza a todos cuando el corazón se nos estremece por la culpa, el dolor, la  angustia, el sentimiento de menosprecio, la falta de confianza en nosotros mismos y por ende propia subestimación.

Dejemos que el Señor nos sane, acudamos pronto a Él para decirle: "si quieres, puedes limpiarme". Deja de vivir en el anonimato, en el aislamiento y abrete a la gracia de Dios. Jesús ha venido para esto, para devolvernos la DIGNIDAD  de ser "Hijos de Dios". Si le dejas, extenderá su mano y tocándote te dirá: "Quiero, queda limpio".

Oración de Sanación"Señor Jesús, tú viniste por mí, pensaste en mí cuando soñaste el corazón humano libre de dolor. Tú conoces mis limitaciones, los dolores más profundos de mi alma y lo oscuro del momento que vivo. Dame la salud que tanto anhelo con un toque tu amor. Déjame limpio de todo aquello que aleja a los demás de mí. No quiero vivir más centrado en mi enfermedad sino más bien en el gozo de tu salvación.
Señor Jesús, Salvador del mundo, líbrame de mi lepra y dame en cambio la fuerza de tu amor. Amén"

viernes, 7 de enero de 2011

¿Quién es Dios?

Quién es Dios en su esencia, nadie lo sabrá, ni una mente angélica ni humana. (Diario # 30) 
Comentario: 
Y en esto consistirá el gozo del Paraíso, en que Dios será siempre nuevo para nosotros, y cuanto más le conozcamos tanto más disfrutaremos de ese conocimiento sin jamás agotarlo por los siglos de los siglos.
Estamos acostumbrados a hablar mucho de Dios y a nombrarlo mucho, pero generalmente nos olvidamos de Quién estamos hablando. Nos olvidamos que Dios es la perfección absoluta e infinita, y saber eso nos debe consolar en esta vida, ya que si obramos de acuerdo a su voluntad, iremos a gozar de Él para siempre en el Cielo.
El hombre está hecho para lo infinito, por eso en la tierra jamás puede ser completamente feliz, porque todo lo de la tierra es finito, es limitado, es temporal y no puede satisfacer su corazón. En cambio el hombre tiene deseos de infinito, es decir, de poseer a Dios, y solo con Él será completamente feliz.
Pensemos todos los días en Dios, tratemos de conocerlo cada vez más porque nadie ama lo que no conoce, y para amar a Dios es necesario conocerlo, darnos cuenta de la Bondad infinita de su Corazón de Padre.
¡Qué felicidad que existe Dios y que es tan Bueno! Gritemos de alegría porque Dios nos ama y nos ha elegido para que existiéramos y vayamos a gozar de Él en el Paraíso.
No desconfiemos de la bondad y misericordia de Dios, porque si bien no lo podremos comprender nunca a Dios, sí sabemos que Él es la misma Felicidad y Bondad, que nos espera para colmarnos de alegría eterna