miércoles, 29 de junio de 2011

29 junio – San Pedro y San Pablo, apóstoles

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Hechos 12,1-11
En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.
La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: "Date prisa, levántate." Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: "Ponte el cinturón y las sandalias." Obedeció, y el ángel le dijo: "Échate el manto y sígueme." Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: "Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos."

lunes, 27 de junio de 2011

¿Hay algo difícil para Dios?





Temas de las lecturas: ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte, Sara habrá tenido un hijo
Génesis 18,1-15
En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: "Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo." Contestaron: "Bien, haz lo que dices."
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: "Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza." El corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?" Contestó: "Aquí, en la tienda." Añadió uno: "Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo." Sara lo oyó, detrás de la entrada de la tienda. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. Sara se rió por lo bajo, pensando: "Cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer con un marido tan viejo?" Pero el Señor dijo a Abrahán: "¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: "Cómo que voy a tener un hijo, a mis años"? ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo." Pero Sara, que estaba asustada, lo negó: "No me he reído". Él replicó: "No lo niegues, te has reído."

1. Una pregunta que nos compromete

1.1 El Señor Dios hace una visita a un hogar estéril y lo vuelve un hogar y un lugar fecundo. Si Dios visita mi esterilidad, la vence; si Dios visita mi desierto, lo vence; si Dios visita mi depresión, la vence.
1.2 El Señor Dios visita a dos ancianos y les da un regalo de juventud. Si Dios visita mi cansancio, me descansa; si él llega a mi desilusión, la transforma; si él me levanta de la tumba, viviré por los siglos.
1.3 El Señor Dios visita a Abraham y Sara y hace una promesa. La promesa se cumple. Si me fío de la palabra de Dios no seré defraudado. Si escucha la promesa de mi Señor soy invencible.
1.4 Y todo, todo se basa en una pregunta, una maravillosa pregunta: "¿hay algo difícil para Dios?". Esa pregunta es mi gran respuesta. Es el cimiento inamovible de mi fe.

viernes, 24 de junio de 2011

Conserva la confianza en tu Dios.



 Tú eres mi siervo, te he elegido y no te he rechazado. No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios: te fortalezco y te auxilio y te sostengo con mi diestra victoriosa. (Is 41,9-10)
 No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Porque te aprecio y eres valioso y yo te quiero. No temas, que contigo estoy yo. (Is 43,1.4)
 No temáis la afrenta de los hombres, no desmayéis por sus oprobios: pues la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana; pero mi victoria dura por siempre, mi salvación de edad en edad. (Is 51,7-8)
 Así dice el Señor: ¡Maldito quien confía en el hombre y busca apoyo en la carne, apartando su corazón del Señor! Será cardo estepario que no llega a ver la lluvia. ¡Bendito quien confía en el Señor y busca en él su apoyo! Será un árbol plantado junto al agua, arraigado junto a la corriente; cuando llegue el bochorno no temerá, no deja de dar fruto. (Jer 17,7-8)
 En el mundo pasaréis aflicción; pero tened ánimo, yo he vencido al mundo. (Jn 16,33)
 El Señor es mi lote, me digo, y espero en el. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor. (Lm 3,24-26)
 Aquel día dirán a Jerusalén: No temas, Sión, no te acobardes; el Señor, tu Dios, es dentro de ti un soldado victorioso que goza y se alegra contigo renovando su amor. (Sof 3, 16-17)
 Da su recompensa, Señor, a los que te aguardan, y que tus profetas queden acreditados. (Sir 36,15)

jueves, 23 de junio de 2011

Siempre por amor.

Debemos creer firmemente que todo lo que Dios quiere o permite en nuestra vida y en el mundo, siempre es por amor hacia nosotros. Incluso lo que parecen castigos de Dios, son movidos por su amor.
Nunca debemos desconfiar del amor de Dios que, a veces, en medio de los castigos más duros, tendremos la tentación de culpar a Dios de insensibilidad y dureza. No lo hagamos, porque estaremos muy equivocados y cometeremos un pecado.
El ejemplo claro lo tenemos en el Libro de Job, cuando el demonio, presentándose ante el Trono de Dios, le dijo al Señor que si le permitía dañar a Job, vería cómo enseguida éste le maldeciría a la cara.
Es decir que es el demonio el que nos hace sufrir y el que causa toda clase de males en nuestra vida y en el mundo, porque Satanás es la fuente y el origen de todo el mal. Se puede decir que él es el Mal. Y Dios, por misteriosos designios, le permite actuar con libertad, porque sabe sacar bienes de todos los males que el diablo hace en el mundo.
Entonces, tengamos bien presente en nuestra vida que todo lo que nos suceda, si nos sucedió, no es que Dios nos odie, sino que nos ama, y si permitió o quiso eso para nosotros, fue solamente por puro amor hacia nosotros.
Si tenemos esta confianza, entonces estaremos más seguros que un niño en brazos de su padre, sabiendo que Dios nos ama, y que a pesar de que a veces nos parece que nos da una piedra en lugar de un pan, esa piedra vale más, y es lo que necesitamos para nuestra vida. Si no lo entendemos en este momento, lo entenderemos después; y si no en esta vida, sí lo comprenderemos en la eternidad. Por eso confiemos en la Bondad y el Amor de Dios en todo lo que nos sucede.

viernes, 17 de junio de 2011

¿Exigir a Dios o convertirme a Él? Dos modos de entender la oración


Comentario de la catequesis del Papa Benedicto XVI sobre la oración en la Audiencia General 15 de junio de 2011
dos-caminos
El Santo Padre, basándose en la figura del profeta Elías, nos ofrece en su catequesis varios elementos valiosos a tomar en cuenta para nuestra oración.

1. Dos modos opuestos de dirigirse a Dios y rezar:

a) El equivocado: es el modo que siguen los profetas de Baal. Ellos rezan a su Dios (Baal) como si pudieran disponer de él a su antojo, obligándolo a hacer lo que ellos quieren que haga (encender milagrosamente el fuego del sacrificio). La oración para ellos es un ejercicio personal por el cual, a través de sus propias fuerzas, quieren provocar la respuesta de Dios. La actitud de fondo en este modo de dirigirse a Dios es “yo merezco que tú actúes como deseo”. Es el peligro que también nosotros experimentamos cuando exigimos a Dios que nos cumpla “porque no hemos hecho nada malo”. En realidad, en esos momentos la oración está centrada en nosotros mismos, en lo que deseamos nosotros… y no en lo que Dios quiere de nosotros.
¿Por qué tenían tanto éxito los ídolos en esas religiones? En lenguaje bíblico, “ver” significa “comprender”, y “comprender” tiene como consecuencia la posibilidad de “dominar”. Construyendo imágenes visibles de los ídolos, los humanos se aseguraban la posibilidad de dominarlos a su antojo. De ahí la prohibición en Israel de construir imágenes de Dios, porque a Dios, en último término, no se le puede “dominar”.
b) El correcto: es el que sigue el profeta Elías, quien invoca la misericordia gratuita de Dios. Entra en el Corazón de Dios para hacer manifiesto lo que Dios quiere. La actitud de fondo en este modo de dirigirse a Dios es “no merecemos tu amor, pero tú te has comprometido a ser fiel con nosotros”. Es la misma actitud de David en el Salmo 50, después de arrepentirse de su pecado. Esta oración está centrada en lo que Dios quiere… no en lo que nosotros deseamos. Ya lo dice el Papa: el objetivo primario de la oración es la conversión: el fuego de Dios que transforma nuestro corazón.

2. El hombre es protagonista en la oración:

Elías hace participar al pueblo en su oración, como diciendo “necesito que vosotros también recéis”. No reza él solo. El verdadero intercesor en la oración es el que logra llevar a la verdadera oración a otras personas y a hacerles comprender su necesidad. ¿No escuchamos muchas veces frases como “yo no rezo porque mi abuela ya reza muchos rosarios por mí”? Cada uno debe ser protagonista en la oración sin caer en el error de apoyarse exclusivamente en la oración de los demás descuidando la suya propia

miércoles, 15 de junio de 2011

Confianza en la Oración

Por eso tambien puede salvar por completo a los que por medio de el se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos.
Hebreos 5:25

Muchas personas estan insatisfechas con sus oraciones, y es porque durante el tiempo que se acercan a Dios, pueden orar y orar pero al final siempre sienten ese vacio, insatisfaccion, inseguridad si sus oraciones fueron escuchadas, o mas aun si Dios las contestara!
Te has sentido de esta manera?... Si tu respuesta es si, dejame decirte que no estas sola, somos muchas las que hemos sentido esa sensacion de inseguridad, sintiendo que nuestras oraciones podian haber sido mejor, o mas claras. Es como si quisieramos hacer oraciones perfectas, para que puedan ser escuchadas y contestadas por Dios.

Que diria Dios al respecto?...Dios no espera a escuchar oraciones perfectas para contestarlas!
Ademas, estamos olvidando lo que dice: Romanos 8: 26..Asi mismo, en nuestra debilidad el Espiritu acude a ayudarnos en oracion y Jesus intercede por nosotros ante el Padre. Si dos de las tres personas de la Trinidad nos estan ayudando para llegar ante el trono de gracia de nuestro Padre Celestial, seguramente nuestras oraciones imperfectas son perfeccionadas antes de llegar ante el trono de nuestro Padre Celestial.
Cuando ores, recuerda quien te esta ayudando. No estas sola!

Señor, Ayudanos a entender que tu vienes a nuestro lado y nos ayudas a orar . Creo que nuestras oraciones son lo suficientemente buenas porque Tu las perfeccionas. Amen

lunes, 13 de junio de 2011

El anuncio del Kerygma .

La experiencia del Amor de Dios

"Anunciar el kerygma sin fe, es como hablar en lenguaje de enamorado, pero sin estar enamorado. Quedaría como una cursilería o una palabra vacía, sin efecto. Sólo una palabra llena de la gracia, cargada de la experiencia del amor de Dios puede ser un verdadero "kerygma", de lo contrario siempre serán palabras vacías. No se puede testimoniar una fe, una pasión por el Evangelio que no se vive.

Muchos son los católicos alejados que confunden la fe con valores y principios, pero no como una relación real con Dios. Por eso la solución para aprender a realizar el primer anuncio en nuestras comunidades no se conseguirá a partir de un manual misionero –aunque sea útil–, sino por una auténtica renovación espiritual, mental y estructural de nuestra vida eclesial.

Sólo una vida transformada por la presencia de Jesucristo, se vuelve una proclamación constante del Evangelio. Quien se ha encontrado con Él realmente, quiere que todo el mundo le abra su corazón y se deje abrazar por su amor, por su palabra y que forme parte de la comunidad de la Iglesia. Esto no se alcanza sólo con una nueva metodología, sino por conversión. Dedicar más tiempo a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración, es lo que renueva el corazón de los creyentes. Un testimonio evidente de ello es cómo la Lectio Divina está transformando la pastoral juvenil en muchos países de América Latina."

Desde el documento de la IV Conferencia del CELAM en Santo Domingo (1992), hasta Aparecida (2007), somos conscientes de que muchos son los católicos que se sienten atraídos por experiencias espirituales fuera de la Iglesia, en la cual no encuentran siempre una atención propiamente espiritual, sino un discurso moral que presupone la fe. Y la Iglesia en América Latina ha tomado real conciencia de la prioridad de la nueva evangelización, especialmente del primer anuncio o kerygma. Tenemos mucha gente “sacramentalizada”, mas no necesariamente convertida a Jesucristo.

Antes de todo compromiso cristiano, antes de recibir los sacramentos, antes de entrar en la comunidad cristiana, antes de toda acción de pastoreo, está el kerygma o primer anuncio del Evangelio que busca la conversión del que no cree, o del que se ha alejado, o ha debilitado su fe.

La falta de una primera evangelización ardiente, llena de pasión por el Señor y el Evangelio, llenos de la fuerza del Espíritu, felices de haberse encontrado con Jesucristo, junto a una débil conversión, nos dejan sin cimientos para una verdadera iniciación cristiana.

El kerygma no es una moda, o un nuevo descubrimiento de la Iglesia: son los fundamentos de todo verdadero proceso evangelizador desde Pentecostés hasta nuestros días.

El kergyma no es catequesis, no es un discurso doctrinal, tampoco es un signo atractivo, ni solo el testimonio de vida, ni proselitismo, ni tampoco una estrategia pedagógica previa a la catequesis, ni una conversación sobre cualquier tema. Todas estas iniciativas pueden ser el ámbito para el anuncio del kergyma, pero no son en sí mismas primer anuncio. El objetivo del primer anuncio no es despertar la simpatía por Jesucristo, sino la conversión del corazón. Es algo que sin la experiencia de fe del evangelizador es imposible de realizar.

Anunciar el kerygma sin fe, es como hablar en lenguaje de enamorado, pero sin estar enamorado. Quedaría como una cursilería o una palabra vacía, sin efecto. Sólo una palabra llena de la gracia, cargada de la experiencia del amor de Dios puede ser un verdadero "kerygma", de lo contrario siempre serán palabras vacías. No se puede testimoniar una fe, una pasión por el Evangelio que no se vive.

Muchos son los católicos alejados que confunden la fe con valores y principios, pero no como una relación real con Dios. Por eso la solución para aprender a realizar el primer anuncio en nuestras comunidades no se conseguirá a partir de un manual misionero –aunque sea útil–, sino por una auténtica renovación espiritual, mental y estructural de nuestra vida eclesial.

Sólo una vida transformada por la presencia de Jesucristo, se vuelve una proclamación constante del Evangelio. Quien se ha encontrado con Él realmente, quiere que todo el mundo le abra su corazón y se deje abrazar por su amor, por su palabra y que forme parte de la comunidad de la Iglesia. Esto no se alcanza sólo con una nueva metodología, sino por conversión. Dedicar más tiempo a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración, es lo que renueva el corazón de los creyentes. Un testimonio evidente de ello es cómo la Lectio Divina está transformando la pastoral juvenil en muchos países de América Latina.

Muchos han regresado a la Iglesia gracias a las iniciativas de sacerdotes, religiosos y laicos que se han lanzado apasionadamente en el anuncio de Jesucristo, desde el trabajo local en las comunidades, hasta en el uso de los medios de comunicación. Y eso se percibe como una verdadera vacuna contra el proselitismo sectario y contra el abandono de la vida eclesial.

Al respecto, quiero concluir esta breve reflexión con las palabras de S.S. Benedicto XVI en su visita a Portugal el año pasado:

"A menudo nos preocupamos afanosamente por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, dando por descontado que esta fe exista, lo que por desgracia es cada vez menos realista. Se ha puesto una confianza excesiva en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y funciones; pero ¿qué sucederá si la sal se vuelve sosa?

Para que esto no suceda, es necesario anunciar de nuevo con vigor y alegría el acontecimiento de la muerte y resurrección de Cristo, corazón del cristianismo, fundamento y apoyo de nuestra fe, palanca poderosa de nuestras certezas, viento impetuoso que barre todo miedo e indecisión, toda duda y cálculo humano.

La resurrección de Cristo nos asegura que ningún poder adverso podrá nunca destruir a la Iglesia. Por tanto nuestra fe tiene fundamento, pero es necesario que esta fe se convierta en vida en cada uno de nosotros. Hay por tanto un vasto esfuerzo capilar que llevar a cabo para que cada cristiano se transforme en un testigo en grado de dar cuentas a todos y siempre de la esperanza que le anima (cfr 1Pe 3,15): sólo Cristo puede satisfacer plenamente los profundos anhelos de todo corazón humano y dar respuestas a sus interrogantes más inquietantes sobre el sufrimiento, la injusticia y el mal, sobre la muerte y la vida del Más Allá".
Articulo de: P. Miguel Pastorino sobre el Kerygma.

miércoles, 8 de junio de 2011

Cuando Dios te ve, ¿qué ve en ti?

¿Cuál es la verdad sobre ti mismo?

Para Dios todo es perfectamente transparente: tu pasado, tu presente e incluso lo que está por venir. Tus obras, tus omisiones, tus pensamientos, tus intenciones, tu sueños y aspiraciones…. No hay nada oculto para Dios.

La única forma sensata de presentarse ante Dios es ser tal cual eres, con humildad. La humildad es la verdad, la verdad de ti mismo.



Tal como soy, Señor
En el artículo titulado “¿Alguien me escucha? Preguntas que dan vértigo” y en “¿Dios es tratable?” decía que la oración es una relación entre la persona y Dios; por eso, al hacer oración es necesario plantearse en serio la pregunta: ¿quién soy?, ¿quién es el que se presenta ahora ante Dios?, de tal manera que al abrirse la puerta del encuentro estés bien presente a ti mismo, con plena conciencia de quién es el que ahora se encuentra cara a cara con su Creador.

La humildad es la verdad
De la conciencia de la propia identidad en una entrevista personal se siguen las actitudes correspondientes. Hace poco encontré a un mendigo muy enfermo que pedía de comer de puerta en puerta. Se llamaba Luca. Entablé conversación con él y descubrí en toda su persona una actitud profundamente humilde. Era un hombre que se sentía indigno, que no merecía nada, que no podía exigir derechos. Y así se presentaba al tocar las puertas: como un hombre totalmente desprovisto y vulnerable que suplicaba compasión y algo de comer para pasar el día. Lo que le dieran lo recibía con gratitud, cualquier cosa. Lejos de Luca el adoptar una actitud arrogante o exigente.

Al iniciar la oración, ubícate
Pregúntate como si fuera la primera vez: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cómo me siento? ¿Cuál es mi verdad? Dios, que te está mirando, ya sabe eso sobre ti pero necesita que tú también lo sepas para que el encuentro sea auténtico. Conócete, acéptate y ríndete tal cual eres delante de tu Creador y Padre, tu Redentor y Consolador.

Dile a Jesús cómo te sientes
A mí me ayuda repetírmelo y repetírselo a Jesús y no quedarme en reflexiones religiosas. Y decirle no sólo lo que soy sino cómo me siento, cómo vengo a su presencia. En la presencia de Dios hay que ser muy honestos y presentarse con una confianza absoluta: “vengo a tu presencia arrepentido, suplicándote perdón y misericordia”; “me siento en paz, feliz de saberme tu hijo muy amado”; “aquí estoy, confundido, no te entiendo, no entiendo nada, vengo en busca de luz”; “me queda claro que soy un consentido, muy bendecido por ti, me reconozco indigno de tu amor y profundamente agradecido”; “vine ante ti que sabes la verdad de mi vida, a descansar un poco”; “aquí me tienes, cansado de ser mediocre; nunca como ahora había experimentado el gran amor que me tienes y simplemente quiero decirte gracias, yo también te quiero”; etc.

¿Cómo oraba Jesús?
Cuando Jesucristo hacía oración adoptaba la actitud del Hijo ante su Padre, del Redentor que quiere obtener nuestra salvación. Me gusta mucho la oración de Jesús que recoge el evangelio de San Juan, capítulo 17. Expresiones como éstas revelan su corazón: “Padre, ha llegado la hora. (cf Jn 17,1) Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. (cf Jn 17,4) He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. (cf Jn 17,6) Te pido por ellos (cf Jn 17,9) Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo.” (cf Jn 17,10-11)

Otros modelos de personas ubicadas
Recordemos la actitud de María al recibir el anuncio del Ángel: tenía una profunda conciencia de ser la esclava del Señor. O la idea que tenía María de su condición de madre, y por tanto del poder de su oración, cuando se presentó ante Jesús en las bodas de Caná y le dijo: “No tienen vino” (Jn 2,3) ¿Cuál fue la actitud de Pedro al cruzar la mirada de Jesús después de la traición? (cf Lc 22,61) Y cuando después de la resurrección, el Maestro le preguntó: Pedro ¿me amas? (cf Jn 21, 15-17). La hemorroísa se acercó a tocar el manto de Jesús con fe, sabiéndose radicalmente dependiente del poder curativo de Jesús (cf Mc 5,27). Los dos ciegos suplicaban con humildad: “Ten piedad de nosotros, hijo de David” (Mt 9, 27), y la mujer cananea insistía con confianza inquebrantable en que iba a ser escuchada: “¡Ten piedad de mí!, ¡Señor, socórreme!” (Mt. 15 22,25). El leproso que regresó con Jesús una vez curado rebosaba de gratitud. Sabía que había sido curado sin merecerlo, gratuitamente. (Lc 17,12-19)
Articulo del P. Evaristo Sada LC.

lunes, 6 de junio de 2011

TENIA QUE PASAR


“Tenía que pasar”, es una frase escuchada ante acontecimientos inesperados, sobre todo si son trágicos, aunque también solemos usarla frente a la sorpresa gratificante. Frecuentemente nos encontramos con personas que recurren con bastante espontaneidad a esa expresión: “tenia que pasar”. Como si el destino se percibiese ya escrito, como si ante esas circunstancias inexorables no nos quedaran muchas opciones.

Vivimos en dos mundos contrapuestos. El de los que esperan la suerte o la fatalidad predeterminada para ellos, y el de los que cren que son dueños de sus destino y del de los demás, y por tanto también de su felicidad o de su desgracia.

“Estamos en manos de Dios”, es la actitud que muchos creyentes adoptan cuando la vida se torna incontrolable por el ser humano. Reconocer el límite humano, y que hay algo, y sobre todo “alguien” del que depende nuestra vida caduca y limitada, aparece como la actitud más sensata para la mayoría de la humanidad.

Una minoría prefiere creer en su omnipotencia y otra aceptar sin más el sinsentido de la existencia. Lo malo de todo ello es que a menudo estamos en manos y bajo los intereses del segundo grupo y seguimos creyendo que estamos bien protegidos. En este momento es cuando surge la pregunta del dónde está Dios, sobre todo cuando las víctimas claman desde su hambre, desde su pobreza, desde su vida pisoteada, desde la sangre vertida por la violencia de la ambición, desde la discriminación a la que se es sometido por la ignorancia del fanático.

“Dios nos ha destinado” en la persona de Cristo, afirma la carta a los Efesios. Pero este destino no es la desdicha de la mala suerte y ni siquiera la fortuna de los agraciados por la vida con la abundancia y la satisfacción.
 
"Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor, y el que tenga un amor que no lo olvide”, nos dice la canción. Y quien no lo tenga ¿será que fue olvidado por Dios?..
El destino de Dios es bendición y elección para la santidad en el amor. Destinados a ser sus hijos y herederos en Cristo, habiendo recibido en prenda el don del Espíritu Santo que en breve se nos dará en la fiesta de Pentecostés.

No se trata del destino que nos espera en la vida cotidiana, sino de la realización plena de lo que somos: hijos e hijas de Dios, y por lo tanto hermanos y hermanas unos de otros. Esta es la esencia de la fe, de los que creen en Cristo.

¿Estamos predestinados? Hay creyentes que se pasan toda la vida intentando buscar su destino en el laberinto de la existencia. ¿Qué querrá Dios de mí?, se preguntan. Algunos parecen haberlo encontrado en una iluminación especial de Dios, llamándolos a través de no sé que tipo de revelación.
Se trata de descubrir ese destino con el que Dios nos ha creado y para eso existen unas pautas a seguir. La oración, los sacramentos y la caridad, son la varita mágica que nos llevará hasta la luz deseada.

Existen otros creyentes que parecen jugar a la lotería del milagro. Esta actitud se entiende cuando la desesperación provocada por la impotencia de los medios humanos, aparece como la sola respuesta de la vida. El amor es el origen de todo y el destino soñado por todo ser humano, pero sólo se construye con una vida entregada ,dada y olvidada.

Jesús hace a los suyos partícipes de su poder, el Espíritu Santo, para crear desde la gratitud y la entrega de la vida la fraternidad universal, la nueva humanidad del Reino.”Solo le pido a Dios que la vida no me sea indiferente” nos recuerda otra canción popular. ¿No andará nuestro destino por estos derroteros? 
¡Alabado sea Jesucristo!
 

miércoles, 1 de junio de 2011

Junio: Mes del Sagrado Corazón de Jesús

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida. Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.
La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días. Esto significa que debemos vivir este mes demostrandole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna. Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Mensaje sobre la misericordia

 
Bendigan al Señor Rey del universo. Alaben a Dios Padre nuestro. Que todos sepan que es misericordioso, que perdona y ama sobre todas las cosas. Que su Reinado es eterno, como eterno es su Amor por sus hijos. El sólo pide fe y vivir en su Palabra, ofrece a cambio la salvación del alma y liberación total. Amén.
Comentario: 
Muchos hombres viven sin saber que Dios es Misericordioso, que Dios es Bueno, y así, después del pecado, huyen de Él y caen en las garras de Satanás. Como Adán y Eva después del pecado, muchos hombres se esconden de Dios cuando sería más necesario acercarse a Él, puesto que el pecado los ha afectado.
No desconfiemos nunca de Dios, de su perdón, porque aunque el pecado que hayamos cometido parezca humanamente que no tiene perdón, ¿qué es para la infinita Misericordia de Dios un pecado, incluso una montaña de pecados? Es menos que nada, porque todos los pecados posibles no pueden igualar la Misericordia de Dios.
Dios perdona mucho, a quien mucho ama. Entonces no tengamos miedo de acercarnos a Dios si hemos pecado, porque si vamos a Él con el corazón arrepentido y humillados, y le pedimos la gracia de que nos deje besar sus pies, sus manos y su rostro, Él accederá y cubrirá nuestras miserias con su Misericordia, y llegaremos a ser grandes santos por la bondad de Dios.
Amemos, porque en el amor está el secreto para alcanzar la santidad. Amemos a Dios y amemos al prójimo, y con esto estaremos seguros porque Dios ama a quien lo ama y ama a sus hermanos. Recordemos las palabras dirigidas por Jesús sobre la Magdalena, que se le perdonan muchos pecados porque amó mucho. Si somos muy pecadores, amemos mucho al Señor, y todo quedará perdonado.