viernes, 30 de marzo de 2012

Lo más dificil

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Lo más difícil de aprender en la vida, es que puente hay que cruzar y que puente hay que quemar.

Realmente es algo muy difícil. Se trata de tomar una decisión, y decir hasta aquí llegué, y no vale la pena seguir adelante. O bien,decido correr el riesgo y continuar.

Con lo que sea, un trabajo, un proyecto, una relación, una ilusión. Aprender a diferenciar estos dos puntos, es un trabajo de toda la vida, es un trabajo de prueba y error. Seguramente a lo largo de nuestra vida, nos hemos arrepentido de haber abandonado algo, y nos preguntamos que hubiera pasado si seguíamos adelante y también es muy probable, que nos cuestionemos sobre algunas cosas que no hemos podido cortar y seguimos a pesar de nuestra disconformidad.

Arriesgarnos a decidir en determinados momentos de nuestra vida, es algo que nos resulta muy complejo. Muchas veces nuestras emociones y nuestro pensamiento racional están en disputa y no sabemos a cual hacerle caso.

Algo que a mi me da resultado en estas circunstancias, es centrarme, conectarme con lo más íntimo y profundo de mi ser, y en este estado, sé positivamente que tengo que hacer.

Esto no implica que muchas veces tenga miedo, que me guste lo que determiné que era lo mejor para mí en ese momento.

A lo largo de mi vida, he tomado muchas decisiones tanto en el ámbito laboral como en el personal. Por supuesto me equivoqué muchas veces, me arrepentí, me critiqué, y otras me sentí feliz y me felicité.

Siempre que siento que me equivoqué con un puente, tiendo a sentirme la persona mas tonta del universo, como no me di cuenta!! Cuando logro superar esa etapa, que cada vez es más corta, reconozco que me equivoqué, pero también, que es lo que pude hacer en ese momento, dejo de castigarme, me perdono por mi equivocación y me digo que algo bueno saldrá de todo eso, y aprendo para la próxima.

Y generalmente es así, crucé muchos puentes que debí haber quemado, pero me llevaron a un lugar de mayor crecimiento, y quemé otros, y me arrepentí, y a la larga no fue tan malo como había supuesto, incluso alguna vez, resultó ser lo mejor para mi.

Si decidimos sin miedo, conectados con nuestro yo interior, la decisión que tomemos siempre será la correcta para nosotros, la que nos de paz interior, la que nos enseñe una lección, la que nos haga felices.
 
No nos olvidemos que Todo lo que sucede, sucede por una razón.



Por lo tanto, crucemos puentes, quememos otros y sigamos adelante con Fé y Confianza en nuestra voz interior que siempre nos indicará el mejor camino.
David Russell

MIEDO




Tengo miedo a decirte
que sí, Señor,
porque... ¿a dónde me vas a llevar?...
 
Tengo miedo a arriesgarme,
a firmarte en blanco,
de darte un SÍ,
que genere una reacción de "sies" en cadena;
y sin embargo...
¡no tengo paz!
 
me persigues, Señor,
me acechas por todas partes.
Me aturdo con ruido
porque temo oír tu voz;
pero Tú te infiltras en el silencio.
Me desvío del camino al verte,
pero cuando llego al fondo del sendero,
¡ALLÍ ESTÁS TÚ!

 
¿Dónde podré esconderme
si te encuentro siempre?
No, no hay modo de esquivarte.

... Pero, es que tengo miedo de decirte que SÍ, Señor.
Tengo miedo de alargarte la mano,
porque la aferras en la tuya...

Tengo miedo de encontrarme con tu mirada,
porque me seducirás...

Tengo miedo de tus exigencias,
porque eres un Dios celoso...
 
Apuntas hacia mi, pero esquivo el blanco.
Me aprisionas, pero me resisto.
Y sigo combatiendo, sabiendo que estoy vencido.

Pero... es que, de veras, ¿se te puede resistir?...
Señor, para que llegue tu Reino y no el mío,
ayúdame a decir que SÍ.

Ayúdame a decir que SÍ,
para que se haga tu voluntad y no la mía.
¡Alabado sea Jesucristo!

jueves, 29 de marzo de 2012

Reflexiones cuaresmales


Jueves Quinta Semana De Cuaresma.


Gn 17, 3-9; Jn 8, 51-59

El tiempo cuaresmal es un camino de conversión que no es simplemente arrepentirnos de nuestros pecados o dejar de hacer obras malas. El camino de conversión no es otra cosa sino el esfuerzo constante, por parte nuestra, de volver a tener la imagen, la visión que Dios nuestro Señor tenía de nosotros desde el principio. El camino de conversión es un camino de reconstrucción de la imagen de Dios en nuestra alma.

La liturgia del día de hoy nos presenta dos actitudes muy diferentes ante lo que Dios propone al hombre. En la primera lectura, Dios le cambia el nombre a Abram. Y de llamarse Abram, le llama Abraham. Este cambio de nombre no es simplemente algo exterior o superficial. Esto requiere de Dios la disponibilidad a cambiar también el interior, a hacer de este hombre un hombre nuevo.

Pero, al mismo tiempo, requiere de Abraham la disponibilidad para acoger el nombre nuevo que Dios le quiere dar.

Por otro lado, en el Evangelio vemos cómo Jesús se enfrenta una vez más a los judíos, haciéndoles ver que aunque se llamen Hijos de Abraham, no saben quién es el Dios de Abraham.

Son las dos formas en las cuales nosotros podemos enfrentarnos con Dios: la forma exterior; totalmente superficial, que respeta y vive según una serie de ritos y costumbres; una forma que incluso nos cataloga como hijos de Abraham o hijos de Dios. Y por otro lado, el camino interior; es decir, ser verdaderamente hijos de Abraham, ser verdaderamente hijos de Dios.

Lo primero es muy fácil, porque basta con ponerse una etiqueta, realizar determinadas costumbres, seguir determinadas tradiciones. Y podríamos pensar que eso nos hace cristianos, que eso nos hace ser católicos; pero estaríamos muy equivocados. Porque todo el exterior es simplemente un nombre, y como un nombre, es algo que resuena, es una palabra que se escucha y el viento se lleva; es tan vacía como cualquier palabra puede ser. Es en el interior de nosotros donde tienen que producirse los auténticos cambios; de donde tiene que brotar hacia el exterior la verdadera transformación, la forma distinta de ser, el modo diferente de comportarse.
No son las formas exteriores las que configuran nuestra persona. Son importantes porque manifiestan nuestra persona, pero si las formas exteriores fuesen simplemente toda nuestra estructura, toda nuestra manera de ser, estaríamos huecos, vacíos. Entonces también Jesús a nosotros podría decirnos: “Sería tan mentiroso como ustedes”. También Jesús nos podría llamar mentirosos, es decir, los que vacían la verdad, los que manifiestan al exterior una forma como si fuese verdad, pero que realmente es mentira.
Qué difícil y exigente es este camino de conversión que Dios nos pide, porque va reclamando de nosotros no solamente una «partecita», sino que acaba reclamando todo lo que somos: toda nuestra vida, todo nuestro ser. El camino de conversión acaba exigiendo la transformación de nuestras más íntimas convicciones, de nuestras raíces más profundas para llegar a cristianizarlas.
Para los judíos solamente Dios estaba por encima de Abraham, por eso, cuando Cristo les dice: “Antes de que Abraham existiese, Yo soy”, ellos entendieron perfecta- mente que Cristo estaba yendo derecho a la raíz de su religión; les estaba diciendo que Él era Dios, el mismo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y es por eso que agarran piedras para intentar apedrearlo, por eso buscan matarlo.
No es simplemente una cuestión dialéctica; ellos han entendido que Cristo no se conforma con cambiar ciertos ritos del templo. Cristo llega al fondo de todas las cosas y al fondo de todas las personas, y mientras Él no llegue ahí, va a estar insistiendo, va a estar buscando, va a estar perseverando hasta conseguir llegar al fondo de nuestro corazón, hasta conseguir recristianizar lo más profundo de nosotros mismos.
El hecho de que Dios le cambie el nombre a Abram, además de significar el querer llegar al fondo, está también significando que solamente quien es dueño de otro le puede cambiar el nombre. (Según la mentalidad judía, solamente quien era patrón de otro podía cambiarle el nombre). Algo semejante a lo que hicieron con nosotros el día de nuestro Bautismo cuando el sacerdote, antes de derramar sobre nuestra cabeza el agua, nos impuso la marca del aceite que nos hacia propiedad de Dios.
¿Realmente somos conscientes de que somos propiedad de Dios? Dios es tan consciente de que somos propiedad suya, que no deja de reclamarnos, que no deja de buscarnos, que no deja de inquietarnos. Como a quien le han quitado algo que es suyo y cada vez que ve a quien se lo quitó, le dice: ¡Acuérdate de que lo que tú tienes es mío! Así es Dios con nosotros. Llega a nuestra alma y nos dice: Acuérdate de que tú eres mío, de que lo que tú tienes es mío: tu vida, tu tiempo, tu historia, tu familia, tus cualidades. Todo lo que tú tienes es mío; eres mi propiedad.
Esto que para nosotros pudiera ser una especie como de fardo pesadísimo, se convierte, gracias a Dios, en una gran certeza y una gran esperanza de que Dios jamás va a desistir de reclamar lo que es suyo. Así estemos muy alejados de Él, sumamente hundidos en la más tremenda de las obscuridades o estemos en el más triste de los pecados, Dios no va a dejar de reclamar lo que es suyo. Sabemos que, estemos donde estemos, Dios siempre va a ir a buscarnos; que hayamos caído donde hayamos caído, Dios nos va a encontrar, porque Él no va a dejar de reclamar lo que es suyo.
Éste es el Dios que nos busca, y lo único que requiere de nosotros es la capacidad y la apertura interior para que, cuando Él llegue, nosotros lo podamos reconocer. “El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”. No habrá nada que nos pueda encadenar, porque el que es fiel a las palabras de Cristo, será buscado por Él, que es la Resurrección y la Vida.
Ojalá que nosotros aprendamos que tenemos un Dios que nos persigue y que busca llegar hasta el fondo de nosotros mismos, y que nos va hacer bajar hasta el fondo de nosotros para que nos podamos, libremente, dar a Él.
¿De qué otra manera más grande puede Dios hacer esto, que a través de la Eucaristía? ¿Qué otro camino sigue Dios sino el de la misma presencia Eucarística? ¿Acaso alguien en la tierra puede bajar tan a lo hondo de nosotros mismos como Cristo Eucaristía? Cristo es el único que, amándonos, puede penetrar hasta el alma de nuestra alma, hasta el espíritu de nuestro espíritu, para decirnos que nos ama.
Permitamos que el Señor, en esta Semana Santa que se avecina, pueda llegar hasta nosotros. Permitámosle hacer la experiencia de estar con nosotros. Y nosotros, a la vez, busquemos la experiencia de estar con Él. Un Dios que no simplemente caminó por nuestra tierra, habló nuestras palabras y vio nuestros paisajes. Un Dios que no simplemente murió derramando hasta la última gota de sangre; un Dios que no solamente resucitó rompiendo las ataduras de la muerte. Un Dios que, además, ha querido hacerse Eucaristía para poder estar en lo más profundo de nuestras vidas y poder encontrarnos, si es necesario, en lo más profundo de nosotros mismos.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Los militares españoles podrán participar de nuevo sin problemas en las procesiones de Semana Santa



SIEMPRE QUE LAS COFRADÍAS SE HAGAN CARGO DE LOS GASTOS

Los militares españoles podrán participar de nuevo sin problemas en las procesiones de Semana Santa

Los militares españoles podrán salir este año de procesión, como han hecho tradicionalmente en los actos de Semana Santa de algunas localidades, siempre que lo hagan de forma voluntaria y sin suponer un coste económico a su Ejército ni al Ministerio de Defensa. Para ello el gobierno ha cambia la restrictiva política respecto a la participación de militares en la Semana Santa que impuso la ministra socialista Chacón en 2010.
(Servimedia) Fuentes de Defensa confirmaron a Servimedia que los tres ejércitos, a quienes corresponde propiamente dar permiso a sus integrantes para que participen en las procesiones, seguirán estos criterios yno pondrán objeciones por el tiempo en que se ausenten de los cuarteles, pues es una acendrada tradición y las fechas no son especialmente peliagudas.
Las únicas dos condiciones son que los militares procesionen de forma voluntaria y que los costes de alojamiento, manutención y transporte corran a cargo de ellos mismos o bien de las cofradías o los patrocinadores del evento correspondiente. Se mantiene así la política seguida al respecto por los gobiernos anteriores.
De hecho, una orden ministerial de 1994 ya estipuló que regulaba los actos religiosos en ceremonias solemnes militares y que la participación debía ser "con carácter voluntario", dado su "carácter religioso". Asimismo, establecía que los gastos no debían correr a cuenta del Ejército.
No obstante, en 2010 se suscitó una polémica al coincidir el nuevo reglamento de honores aprobado por el Ministerio dirigido entonces por Carme Chacón, que trataba de deslindar la unión de ritos religiosos y militares asentada tradicionalmente, con una disminución sustancial del número de miembros de las Fuerzas Armadas que participaron en procesiones.
El año pasado hubo militares participando en los actos celebrados con motivo de la Semana Santa en 89 municipios españoles, la mayoría en Andalucía. La presencia más numerosa fue, como de costumbre, la de la procesión del Cristo de la Buena Muerte de Málaga, que, como patrón de la Legión, es acompañado por dos centenares de legionarios durante todo su recorrido.

martes, 20 de marzo de 2012

La hora de la verdad.

A veces enfocamos las cosas desde ideologías que sustituyen la razón por la voluntad de poder
Autor: Pablo Cabellos Llorente | Fuente: Catholic.net

No me refiero a la suerte taurina de entrar a matar, aunque todos podamos ser empitonados. Hablo de este momento del mundo con todos sus contrastes, grandezas y miserias. Vivimos en la aldea global, pero sigue siendo aldea, algo pequeño o empequeñecido por egoísmos personales o de tribu. Estamos en la era de la solidaridad, pero también de un feroz individualismo. Amamos la libertad quizás como nunca ha sido amada, pero anda empobrecida por falta de reflexión, de horizontes, de búsqueda seria de la verdad y el bien. Es tiempo de libertad religiosa, pero se mata por la causa de un dios que no es Dios, o se la persigue solapadamente, relegándola a las conciencias.

He llegado hasta aquí, para escribir que lo políticamente correcto está matando la sinceridad, la veracidad, la ética, la libertad. Mientras buena parte del mundo prescinde de Dios, se han creado otros dioses sustitutivos porque el hombre necesita algo para orientarse, aunque sea en falso. Me atrevo a poner ejemplos: no hay libertad -hasta puede ser delictivo- para disentir de la concepción de matrimonio que se introdujo en nuestro país para englobar las uniones homosexuales, que no se equipararon al matrimonio natural, sino que se desvirtuó éste para que todos cupieran por igual. Tengo entendido que sólo tres países en todo el universo contamos con tal avance.

Se dice que modificar la ley del Aborto es saltar treinta años atrás, pero siempre se me ha ocurrido que, puestos a brincar, podríamos hablar de miles de años atrás o adelante. No sé si se aborta más con la ley actual que con la anterior, pero hay que decir, claramente que lo peor no es el aborto de menores sin permiso paterno, sino la transformación de un delito -despenalizado en ciertos supuestos- en un derecho de la mujer.
Nadie entra al despropósito de la ley de género, que nos convierte de mujeres a hombres y viceversa con un sencillo trámite. Y sólo porque algunos se han empeñado en que los genitales no determinan lo que uno es, sino los roles atribuidos a uno u otro sexo. De hecho, se arma la parda porque una ministra osa utilizar la expresión violencia doméstica en lugar de hablar de violencia de género, que es lo moderno. ¿No es una falta de libertad elemental, una coacción por lo políticamente correcto? Pero, muy posiblemente, nadie cambiará esa ley, por idéntica sinrazón.

Y aquí quería llegar porque el hecho es que no hay más verdad admisible que la impuesta por ese pensamiento, detrás del que hay auténtica trilita: relativismo, es decir incapacidad para la verdad aunque luego todo el mundo tenga la suya; pensamiento débil, que viene a ser lo mismo; laicismo entendido como la expulsión de Dios de nuestras vidas, al menos externamente. ¿No se puede entender que si yo creo en Dios, necesariamente influirá en un modo de vivir -también exterior- que, por supuesto, no impongo, pero que tendría al menos el mismo derecho de difusión que la religión oficial del laicismo? Pero no es así. Y muchos cristianos, que han permitido la imposición de modelos laicistas, se han tragado la píldora de que ellos no pueden cargar a nadie con un modelo de vida. Algo que no harán, pero que tendrán derecho a pregonar por todos los medios legales. Sin sectarismo alguno, es hora de que muchos salgan de las catacumbas y vivan gozosamente su fe.

Algunos entendemos que las costumbres creadas son, en buena parte, fruto de la sociedad que tenemos, pero no podemos olvidar el valor pedagógico -o su contrario- de la ley, que tiende a confundirse con la ética, cuando ésta se halla en la esencia de las personas y cosas. No es la guinda del pastel para evitar la corrupción que aún llamamos así. La falta de ética -en todos los campos- desnaturaliza personas, pensamiento, quehaceres y cosas. Pero se ha ido diseñando una sociedad y un hombre abstractos -a la medida del pensamiento de algunos-, para obligar después, con rigidez extrema, a que el hombre real se acomode al diseño teórico, diseño que suele coincidir con lo más fácil o placentero. Así, picamos más simplemente, pero no seremos felices. Es parte de la trilita.

Todo esto se nota en la crisis económica que padecemos, fruto brutal de la codicia y la mentira, bien propiciadas por la elaboración inconsciente de un hombre peor que produce frutos peores. Y eso es violencia y raíz de toda violencia. Como ha escrito Ricardo Yepes, la violencia es ruptura del orden, entendido, no como sometimiento a una regla y autoridad extrínsecas que constriñen, sino como la relación que guardan las partes respecto a la unidad del todo. La violencia es el fruto y el imperio de la irracionalidad.

A estas alturas, alguno ya habrá pensado que todo esto es facha. Así despachamos las cuestiones que no deseamos pensar y que enfocamos sectariamente, desde ideologías que sustituyen la razón por la voluntad de poder. Y en esas estamos. Por eso es la hora de la verdad, aunque -como decía una canción italiana- la verdad nos duela.

lunes, 19 de marzo de 2012

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

Mons. Ottavio Michelini


18 de Septiembre de 1975

ESTOY EN MEDIO DE VOSOTROS

Hijo, en mis precedentes coloquios no han faltado alusiones a mi presencia en medio de vosotros. Hoy pretendo reclamar aún tu atención sobre esta Realidad divina, de la que podrán sacar inestimables dones en orden a la vida sea espiritual y eterna, sea material y terrena.

Yo, Jesús, Verbo Eterno de Dios, engendrado por el Padre desde siempre, en la plenitud de los tiempos hecho Carne en el seno virginal de mi Santísima Madre y Madre misericordiosa vuestra, estoy gloriosamente presente a la derecha del Padre en la gloria del Paraíso.

Estoy realmente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en todas las Hostias consagradas del mundo; estoy y estaré en medio de vosotros hasta la consumación de los siglos, hasta el fin de los tiempos.

¿Cómo es que por muchos nunca se busca el porqué de esta presencia mía en medio de los hombres?

¿Por qué he querido permanecer en medio de vosotros, conociendo bien desde siempre qué trato me estaría reservado por los hombres? Odios, ofensas, injurias, frialdades, aunque no faltan, y no faltarán jamás almas generosas que me recompensan del mal de los impíos.

El porqué de mi presencia en el mundo tiene una sola respuesta, hijo mío: el Amor.

Mi palabra


¿Cómo ejerzo Yo mi presencia en mi Cuerpo Místico?

Primero con el don de mi palabra.

Yo he confiado a la Iglesia el patrimonio, el depósito espiritual de mi Palabra que es palabra de vida y de verdad: he tutelado este tesoro con la asistencia del Espíritu Santo.

Yo soy la Verdad, el Camino que mi Iglesia puede indicar con seguridad a todas las almas sin sombra de equivocación.

Los atentados contra Mí, Palabra de Dios, en el curso de los siglos han sido continuos y feroces. Herejes, pseudo - maestros y mentirosos instigados sin tregua por el Maligno, han hecho de todo para borrar de la faz de la tierra a Mí, Camino, Verdad, Vida, a Mí, Palabra de Dios. Pero inútilmente.

Este siglo en fin, materialista, no desperdicia medio ninguno, ninguna tentativa para destruirme: sectas, partidos ateos, corrientes envenenadas de filosofías perversas y demoledoras de todos los más sublimes valores espirituales, valores de verdadera civilización.

Pero ¿es posible que los hombres sean tan cortos de memoria para no recordar ya la trágica historia de este siglo, que es vuestra historia?

Lo que es extremadamente penoso es el hecho de que muchos de mis sacerdotes, antes que confiarse humildemente al Magisterio infalible de Mi Iglesia, erigiéndose con presunción en maestros, se han coaligado con los enemigos de la verdad, se han vuelto responsables de la difusión de no pocas herejías con gran daño para las almas

¿Porqué tantos sacerdotes míos se hacen promotores con Satanás de tanto daño para las almas? La soberbia ciega, sí verdaderamente ciega.

Mi Vicario

Yo estoy en medio de vosotros, hijo, en la persona de mi Vicario.
A él se le ha dado toda potestad para apacentar a los corderos y a las ovejas. Quien le ama, me ama a Mí, quien no le escucha, no me escucha a Mí, quien le combate me combate a Mí, quien le desprecia me desprecia a Mí.
Él sube a su Calvario día a día, pero muchos no se dan cuenta. Derrama lágrimas por los hijos que se vuelven lobos rapaces y hacen estragos de su grey. Como a Mí, se le hace objeto de escarnio, de odio y de guerra.
Él está al timón de mi navecilla en esta triste hora en la que el mar está fuertemente agitado y el sordo hervir del oleaje es presagio de próxima y salvaje tempestad.
Hijo mío, hace falta estar cercanos a mi Vicario, al dulce Cristo en la tierra, es necesario sostenerlo con la oración y con la ofrenda de los propios sufrimientos. Es necesario amarlo y hacerlo amar.
Todo lo que en bien o en mal se le hace a él, se me hace a Mí. Es necesario defenderlo de las insinuaciones satánicas, tan frecuentes, de sus enemigos.
Yo estoy en él, estoy presente en mi Iglesia en su persona.

La Eucaristía
Hijo, estoy además presente en la Iglesia en el misterio del Amor y de la Fe, quiero decir en el Misterio de la Eucaristía.
Estoy verdaderamente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Esta presencia mía, si fuera creída, sentida y vivida en toda la sublime maravillosa realidad divina, por todos mis sacerdotes, se transformaría en tal fermento de purificación y vida sobrenatural, que se podría transformar aun por sólo mis sacerdotes, el rostro de la Iglesia y arrancar de mi Corazón misericordioso gracias y hasta milagros insospechados.
pero por desgracia no son muchos los que creen firmemente.
La mayoría cree débilmente; no faltan los que en realidad no creen en mi presencia eucarística.
Con razón mi Vicario en la tierra ha hablado repetidamente de crisis de fe, causa y origen de innumerables males.

Donde hay sufrimiento
Hay una cuarta forma de presencia mía en la tierra: estoy realmente presente en mis santos.
Santos son aquellos que viven de mi Vida divina. Estoy realmente presente en mis Santos que más tenazmente persiguen las más audaces conquistas de todas las virtudes cristianas.
Estoy realmente presente en los que sufren; donde hay sufrimiento ahí estoy Yo.
En fin estoy presente en las almas víctimas, en ellas encuentro mis complacencias, mis alegrías, ellas me recompensan abundantemente por las ofensas, insultos, blasfemias y sacrilegios de los que no me aman.
Ellas forman las delicias de mi Padre; las almas víctimas son las que han mitigado, detenido la ira de mi Padre por tantas iniquidades de esta generación perversa, que en lugar de apagar su sed en la fuente del Agua viva y pura, se afana en apagarla en las pútridas y enfangadas aguas de los pantanos llenos de miasmas.
Hijo mío, ámame mucho, sólo a Mí, con tu amor, con tú fe, con tu ofrecimiento.
Te bendigo y contigo bendigo a las personas por quienes rezas diariamente.

domingo, 18 de marzo de 2012

¿Cuál es el mejor método para hacer oración?

«Todo maestro, para formar a todos en una sola virtud, la de la caridad, debe llegar al corazón de los oyentes con una sola doctrina, es verdad, pero no con una misma exhortación.
Porque de un modo se debe exhortar a los hombres y de otro a las mujeres. De un modo a los jóvenes y de otro a los ancianos. De un modo a los pobres y de otro a los ricos. De un modo a los alegres y de otro a los tristes [...] De un modo a los que, por miedo al castigo, viven sin culpa, y de otro a los que de tal modo se han endurecido en la maldad, que ni con los castigos se corrigen [...] De un modo a los que ni apetecen lo ajeno ni dan de lo suyo, y de otro modo a los que dan lo suyo y, sin embargo, no dejan de apoderarse de lo ajeno [...] De un modo a los conocedores de los pecados de la carne y de otro a los que los ignoran. De un modo a los que lamentan los pecados de obra y de otro a los que lamentan los de pensamiento. De un modo a los que lloran los pecados cometidos, pero con todo, no los dejan, y de otro a los que los dejan, pero no los lloran. De un modo a los que obran y aplauden lo ilícito y de otro a los que motejan los delitos, pero no los impiden. De un modo a los que son vencidos por una concupiscencia repentina y de otro a los que deliberadamente se entregan a la culpa» (San Gregorio Magno, Regla Pastoral).
En el libro-entervista titulado “La sal de la tierra” que Peter Seewald escribe tras sus encuentros con el Cardenal Joseph Ratzinger, una de las preguntas que siempre me intrigó por su respuesta fue aquella de «¿Cuántos caminos existen para llegar a Dios?». El Cardenal Ratzinger responde de esta manera: «Tantos cuantos hombres hay sobre la tierra».

Con esto, el entonces Cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe no defiende un relativismo que deja abierto cualquier doctrina para vivir la fe, sino que, dentro de una doctrina clara y certera como es nuestra religión católica, hay muchos modos de vivirla; después de todo, cada ser humano sobre esta tierra es distinto del otro. Recuerdo mucho aquel ejemplo, ya clásico, del que ve un vaso medio vacío o un vaso medio lleno, dependiendo de si se es positivo o negativo… se ve de modo diverso, aunque la realidad sea la misma.
En la vida de oración, sucede algo parecido. Para dialogar con Dios, existen métodos, formas de hacerlo, pero luego cada quien debe aplicar su propia vida, dependiendo de cómo es cada quien. En este sentido, el texto de San Gregorio Magno, cargado de ese realismo que tanto le caracterizaba, es paradigmático: la exhortación a la santidad debe hacerse dependiendo de quién se tenga delante; la oración debe hacerse según las propias cualidades o defectos, resonancia espiritual, sensibilidad, etcétera.
Una conclusión lógica de este razonamiento es que la oración no es una camisa de fuerza basada en una metodología, de manera que si no cumplo ciertos pasos, no oro bien. Sí es recomendable que al inicio de mi experiencia en la vida de oración uno se adhiera a una metodología. Pero ésta es como las andaderas para quien está empezando a caminar: poco a poco las va dejando para ser más libre, para correr, para, incluso, ganar los 100 metros lisos en una carrera.
¿Cuál es el mejor método para hacer oración? San Gregorio Magno nos responde: el tuyo. Y, para eso, es indispensable que te conozcas cómo eres, qué te atrae más para meditar, qué te ayuda o no te ayuda, etc. Y de esta manera podrás lanzarte a dialogar con ese Dios que desea hablar contigo de corazón a corazón.

sábado, 17 de marzo de 2012

La presencia de María en la oración de los apóstoles

El Santo Padre comienza un nuevo capítulo de catequesis sobre la oración. Deja atrás los Evangelios y ahora se centrará en los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de San Pablo. La primera sesión va dedicada a la Virgen María y su presencia orante en el grupo de los discípulos que fueron la primera Iglesia naciente. Después de la Ascensión a los cielos, María y los discípulos estaban en el Cenáculo a la espera del Espíritu Santo, en un clima de oración.
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Esta presencia de María con los discípulos nos da dos enseñanzas para nuestra vida de oración:

1. Debemos abrir las dimensiones de nuestra oración, es decir, no sólo rezar por nuestras intenciones, nuestros problemas, nuestros deseos, etc., sino abrirse a la dimensión comunitaria, rezar con las demás personas "con un solo corazón, una sola alma"

2. El hecho de que María esté presente en este momento decisivo de la historia de la Iglesia nos ayuda a descubrir también esa presencia materna en los momentos decisivos de cada una de nuestras vidas.

Aquí puedes leer la catequesis completa del Papa Benedicto XVI del 14 de marzo de 2012.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¡OPTÁ POR LA VIDA! ¡ABORTO NOOO!


Oración de una mujer arrepentida de su aborto

Señor, no soy digna de estar en tu presencia,
en presencia del Creador de la vida.
Me faltó confianza y me sobró egoísmo.
Pensé que el nene sería un problema...,
que no era el momento...tuve miedo...
Viví el embarazo como una desgracia.
Me precipité al abismo y ahora siento horror
por lo que hice.

Cuando voy por la calle, no puedo mirar el rostro de un chico.
Pienso que cualquiera de esos podría ser el suyo...
y me horrorizo más...

Sé que no asumí la responsabilidad
de haberlo engendrado.
Pienso que me vas a castigar; que cualquier mal
físico que cayera sobre mí sería poco en relación
al mal moral que va conmigo.
Señor, te pido perdón.
Recuerdo haber oído a mi madre decir alguna vez
que eras infinitamente misericordioso,
que tu amor olvida todo mal...

Quiero empezar de nuevo. Reconozco mi culpa.
Y sin tu ayuda no puedo, no puedo...
Tengo en mi conciencia un peso que me tortura:
el llanto de un niño.

Quisiera ahogarlo con las risas de un niño.
Quizá... pueda descubrir el modo de desenvolver
este rollo de amor presionado por el egoísmo
y entregarme, como mujer y madre, a tantos
niños solos, que esperan la vida.
                                                    
(Fuente: “Oraciones para el ama de casa”, Liliana Ferreiros, Editorial Claretiana)

martes, 13 de marzo de 2012

Setenta veces siete

A lo largo de nuestra vida son muchas las veces en las que llegamos a sentirnos ofendidos por las personas que están a nuestro alrededor e incluso por personas que ni siquiera conocemos.

Evidentemente, la ofensa duele mucho más cuando proviene de aquellos más cercanos y cuanta más confianza hemos puesto en ellos.

He podido comprobar y experimentar en primera persona, que en numerosos de los casos en los que nos hemos sentido ofendidos, los verdaderos culpables de ese sentimiento somos nosotros mismos. Llegamos a mirarnos tanto al ombligo que pensamos que todas las acciones, miradas, expresiones, comentarios y actuaciones de los demás nos tienen a nosotros como protagonistas y las llevan a cabo con una clara intención de hacernos sufrir (sin embargo muchas veces, esas actitudes se deben a que al otro simplemente le duele la cabeza, nada más). Hemos llegado a tal extremo de egocentrismo que, al creernos el centro de todo, acabamos ahogándonos en ese amor propio exagerado y extralimitado, sospechando que hay “conspiraciones ocultas” contra nosotros en todos lados.
 
No son pocas las ocasiones en las que las ofensas vienen derivadas de malos entendidos… y la Historia está llena de pequeñas y grandes batallas por culpa de tales malos entendidos.

Cuando una relación debe llegar a su fin por diversos motivos, es necesario aprender a cerrar página sin heridas. Agradeciendo la riqueza de lo que supuso el contacto con esas personas en nuestras vidas y todo lo que aprendimos de ellas, sin dejarnos cegar por nuestro orgullo herido o la decepción sufrida.

Jesucristo respondió a Pedro cuando le preguntó hasta cuántas veces habría que perdonar: “Setenta veces siete” y esas son… ¡tantas!

En realidad, si lo pensamos bien, el mandato de Jesús, lejos de hacerlo para amargarnos la vida está destinado a que alcancemos la liberación que supone el perdón.

Sentir odio o rencor sólo nos encadena. Uno se da cuenta de ello cuando no es capaz de “volar” por encima de la ofensa y de seguir adelante con su vida sin “regodearse” una y otra vez en ese sentimiento tan doloroso
.
¿Cuesta liberarse de él? ¡Claro que cuesta! En ocasiones, hasta demasiado, tanto que podemos llegar a sentirnos culpables por no lograr superarlo.
 
Por eso, cuando llega el perdón, nos sentimos tremendamente libres. La venganza no nos concede ni una mínima parte del sentimiento de liberación que otorga el perdón.

Porque cuando odiamos, los grandes perjudicados acabamos siendo nosotros y quienes viven a nuestro lado. El sentimiento de ofensa que tenemos llega a dolernos tan profundamente que se va extendiendo como la pólvora en nuestro ser y se va esparciendo fuera de nosotros hasta que logramos que todo el ambiente quede enrarecido. Entonces nos encontramos mucho peor que al principio, nos enfadamos con aquellos que no tienen nada que ver con nuestro malestar o les hacemos sentir culpables por algo de lo que no tienen nada que ver. Al final, todo se convierte en un caos de emociones y sentimientos negativos e inevitablemente terminamos amargándonos unos a otros.

Quien perdona vence, gana la batalla al dolor y a la amargura y se eleva por encima de sus pequeñeces y miserias.

Quien perdona encuentra la paz interior necesaria para vivir en armonía con los demás y vivir frente a la luz y no dentro de una oscuridad que nos reconcome.

Quien perdona deja de sentir enemigos por todos lados y comienza a mirar al mundo con otros ojos, con una mirada de comprensión y serenidad que nos equilibra y fortalece.

Quien perdona aprende a dar sentido a su vida desde una perspectiva más abierta.
Quien perdona aprende a ponerse en el lugar del
otro y sentir la empatía necesaria para convivir de una manera más enriquecedora para todos.

lunes, 12 de marzo de 2012

LA FE ES ARRIESGARSE POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR



2Reyes, 5, 1-15;

Sal. 41;

Lc. 4, 24-30




Poner toda nuestra fe y nuestra confianza en el Señor es arriesgarse a seguir sus caminos que muchas veces se nos manifiestan bien distintos a lo que nosotros podríamos pensar. Ya nos dice El en la escritura que nuestros caminos no son sus caminos ni nuestros planes son sus planes.



Alguno podría pensar que porque tenemos puesta nuestra fe en el Señor de alguna manera podríamos manipularlo o que le vamos a hacer a nuestro antojo, o El se nos manifiesta o nos haga las cosas a nuestra manera. Nos pensamos que porque tengamos fe o seamos muy religiosos ya vamos a tener todos los problemas resueltos porque Dios va a estar haciéndonos milagritos a casa momento para solucionarnos nuestras cosas. Es que yo soy tan religioso, decimos en ocasiones, es que yo creo más que nadie, es que mi familia ha hecho tantas cosas por la religión y por la Iglesia… y así nos pensamos que ya tenemos méritos suficientes para que Dios milagrosamente nos vaya resolviendo todo.
Muchas veces en nombre de esa fe que decimos que tenemos en El lo que queremos no es tanto hacer su voluntad, sino más bien que Dios haga nuestra voluntad. Y no es eso precisamente lo que Jesús nos enseñó a rezar. Esto hará que muchos se tambaleen en su fe, porque realmente no la tienen bien fundamentada.

Un ejemplo de ello es lo que vemos hoy en el texto sagrado. Naamán que se sentía poderoso y creía apoyarse en las recomendaciones del rey de Siria en su orgullo no quiere aceptar lo que le pide el profeta. Piensa que quizá no se siente bien tratado para la dignidad que él cree poseer. Algo así como que el profeta de Dios era como un sirviente o esclavo suyo que se presentaría ante él y con sus poderes mágicos por medio de cosas portentosas iba a hacerle recobrar la salud instantáneamente. Sin embargo lo que le pide el profeta es bañarse en el humilde rió Jordán y con eso recobraría la salud. Ya hemos escuchado el relato con el desarrollo de toda la acción.

De igual manera les sucede a las gentes de Nazaret. Había surgido un profeta de su pueblo y ahora pensaban que iban a beneficiarse de ello. Pero Jesús les hace ver que el actuar de Dios va por otros caminos y lo que es necesario es una fe auténtica para saber descubrir esas acciones de Dios que se manifestarán en cosas sencillas. Ya en otro momento nos dirá el evangelio que Jesús se extrañó de la falta de fe de la gente de Nazaret y allí no realizó milagros. Y ya vemos cómo ‘en la sinagoga se pusieron furiosos…’ y hasta quisieron despeñar por un barranco a Jesús.
En nuestra fe, es cierto, nos sentimos seguros porque sabemos bien de quien nos fiamos. No podemos olvidar que siempre antes que nuestra propia fe está el amor que el Señor nos tiene y que nos manifiesta de tantas maneras. Y quien se siente amado se siente seguro. Es la certeza de nuestra fe que nos hace sentir a Dios como nuestra Roca y nuestra fortaleza, el alcázar donde me refugio frente a los embates del peligro y de la tentación y la luz que nos ilumina y nos ayuda a caminar.

Pero en esa fe que ponemos en el Señor nos queremos dejar guiar por El para seguir sus pasos, para descubrir lo que es su voluntad, para realizar en nosotros lo que son sus planes, el proyecto de amor de Dios sobre nuestra vida. Y dejarnos guiar no es buscar nuestra voluntad sino su voluntad; no es hacernos nuestros planes, sino encontrar esos planes de Dios para nosotros. Será negarnos a nosotros mismos y cargar con la cruz para seguirle; será arriesgarnos a no tener donde reclinar la cabeza como le sucedía al Hijo del Hombre; será aprender a confiarnos en la Providencia de Dios para vaciarnos de nosotros mismos y llegar a descubrir que la verdadera Sabiduría del cristiano está en la Cruz de Cristo.

Es poner nuestra confianza en Dios, porque de quien único nos fiamos es de El. ¿Seremos capaces? Merece en verdad arriesgarse por Dios en nombre de nuestra fe. No olvidemos que el camino de cuaresma que vamos haciendo nos conduce a la Pascua; y la pascua de Jesús fue su pasión, muerte y resurrección. ¿Estaremos dispuestos a beber el cáliz de la Pascua?
Publicado por Carmelo Hernández González en http://la-semilla-de-cada-dia.blogspot.com/

domingo, 11 de marzo de 2012

Para reflexionar.

Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad. - San Agustín

Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta. - Santa Teresa de Jesús
La oración debería ser la llave del día y el cerrojo de la noche. - Thomas Fuller
Dios mira las manos limpias, no las llenas. - Publio Siro
Dios prefiere a la gente corriente, por eso ha hecho tanta. - Abraham Lincoln
"La oración, consuela, defiende al alma del maligno y no permite que el alma caiga en las tinieblas".
Existe en estos momentos, un real y gran vacío entre el hombre y Dios; ese vacío, lo puede llenar la oración, tiene que ser llenado con la oración, porque es la que acerca al hombre a Dios.
La oración, ha sido siempre y es en estos días en especial, el único campo habitable para el cristiano.

La oración, purifica, mata el pecado y hace que el alma, viva en amistad con el Señor.

Por eso digo a mis hijos: Orad y viviréis en Su Luz.
muchos se preguntarán de mi insistente pedido de oración.
Te diré: La oración, ayuda al cristiano a meditar, lo saca de la prisa con que anda por el mundo y lo hace ir de prisa hacia Dios.
Hace que profundice en el corazón y lo detiene en Dios, para que pueda escuchar a Dios.
En la oración, el sediento de Dios, apaga su sed; el débil se fortalece y el orgulloso se vuelve humilde.
Es que en la oración el alma se pone en presencia de Dios.
Deben mis hijos crecer en oración y crecerán así en amor a Dios.
Amén, amén.

miércoles, 7 de marzo de 2012

He venido a dar la vida por ti, en la cruz, y continúo ofreciéndola por ti en la Eucaristía




“El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos” (cfr. Mt 20, 17-28). Jesús es Dios Hijo, es la SegundaPersona de la Santísima Trinidad, que se ha encarnado y ha asumido una naturaleza humana para entregarla al Padre en expiación de los pecados de los hombres.

Como consecuencia del pecado original y a la acción del demonio en los hombres, la humanidad en su conjunto, desde Adán y Eva, se encuentra separada de Dios Trino, y a medida que pasa el tiempo, esta separación se hace cada vez más profunda, y es para unir este abismo insondable, que separa a Dios y al hombre, que Jesucristo ha venido a donar su vida al mundo.

Muchos no parecen apreciar este don; para muchos, es solo una frase hueca, vacía, que no les dice nada, ya que la escuchan, y es como si nada significativo les dijera.

Sin embargo, el don de la vida humana de Dios encarnado es un don valiosísimo, demasiado grande, demasiado valioso, para ser apreciado por el hombre.

Dios Hijo ha venido a este mundo para dar su vida en rescate por todos nosotros. Puede suceder que los cristianos, de tanto escuchar esta verdad –prácticamente toda su vida, desde que es iniciado en el catecismo-, se hayan vuelto impermeables a la misma, y se la escucha como quien escucha llover. Jesús ha venido a “dar su vida”. ¿Qué significa esto? Es cierto que Él es Dios Hijo en Persona,la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y que, en cuanto Dios, no puede morir; pero también es cierto que al asumir una naturaleza humana de modo hipostático, personal, ese Dios, que es eterno e inmortal en sí mismo, que es omnipotente, se vuelve frágil como un hombre, necesitado en su infancia como necesita todo hombre –por eso Dios Padre le da como consuelo celestial a la Virgen Madre-, y adquiere una vida que es temporal y sometida a la muerte.

Dios Hijo da esta vida, esto que le pertenece, y que tiene todo el alcance que tiene toda vida humana, aunque por supuesto, con valor infinito, por tratarse de la vida humana del Hombre-Dios.

“Dar la vida en rescate por muchos” no es una frase hecha ni es, mucho menos, una nimiedad. Una vida humana es más valiosa que todo el universo, porque es una imagen de Dios, y mucho más lo es la vida humana del Hombre-Dios, de valor infinito.

Jesús entregó su vida en la cruz, luego de padecer tormentos inimaginables para los hombres, y entregó su vida por todos y cada uno de los hombres no porque tuviera obligación, sino por puro amor y misericordia, y prolonga el don de su vida en la Eucaristía, en el sacrificio del altar, en la Santa Misa, en la renovación incruenta y sacramental del sacrificio de la cruz. Es por esto que Jesús nos dice, a todos y cada uno de nosotros: “He venido a dar la vida por ti, en la cruz, y continúo ofreciéndola por ti en la Eucaristía”.

Jesús entregó su vida en la cruz, y la sigue entregando todos los días, cada vez en la Santa Misa, pero los hombres parecen no haberse enterado, y de los pocos que se han enterado, a muy pocos, a poquísimos, parece importarles, ya que continúan naciendo, viviendo y muriendo, como si Dios no existiese, como si Dios no hubiese dado su vida por ellos.

Hoy el mundo corre enloquecido, en una huida hacia delante, alejándose de Dios, su salvador; el mundo hace oídos sordos a los llamados a la conversión, a los llamados a la oración, a los llamados a dejar de lado el materialismo, el hedonismo, el consumismo; el llamado a hacer penitencia y sacrificio, y se vuelca, de modo desenfrenado, a los ídolos del poder, del sexo, de la violencia, de la fama mundana.

Muchos, cuando sean llamados de improviso, en un abrir y cerrar de ojos, ante la Presencia divina, para recibir el juicio particular, se darán cuenta de cuán vanos fueron en sus vidas, de cuánto tiempo perdieron en banalidades, de cuánto tesoro desperdiciaron, al preferir un nauseabundo placer mundano –un partido de fútbol, un paseo, un descanso- a la misa dominical.

Para muchos, habrá sido en vano el don de la vida de Cristo, en la cruz y en la Eucaristía.

martes, 6 de marzo de 2012

No dejes de amarnos


¡Qué extraño trato con Dios...!
¡Señor, concédeme esto!
¡Señor, que consiga tal cosa!
¡Señor, cúrame!
Como si Dios no supiera, mejor que nosotros,
lo que necesitamos.
¿Acaso el pequeño dice a su madre:
“Prepárame tal papilla”?
¿O el enfermo al médico:
“Recéteme tal medicina”?
¿Quién podrá decir si lo que nos falta
no es cosa peor que lo que tenemos?
Digamos, pues, tan sólo esta plegaria:
“Señor, no dejes nunca de amarnos...”
(Raoul Follereau)

lunes, 5 de marzo de 2012

DERRAMÉ MI ORACIÓN AL SEÑOR MI DIOS



Dan. 9, 4-10;
Sal. 78;
Lc. 6, 36-38;


‘Derramé mi oración al Señor mi Dios y le hice esta confesión’. Bella imagen y comparación para expresar cómo surge llena de amor y humildad la oración ante el Señor. Es la oración del que humilde se siente pequeño y pecador ante la mirada de Dios, pero que al mismo siente en su corazón la ternura del amor de Dios y derrama todos sus sentimientos, todo su corazón en el corazón compasivo y misericordioso de Dios.

Considera el Señor la grandeza de Dios, de su amor, de su poder, de su misericordia y al mismo tiempo su pequeñez pecadora. Es ‘el Señor, Dios grande y temible, que guarda la Alianza y el amor a los que le aman’. Dios es grande, infinito y todopoderoso ante el que sentimos temor en nuestro corazón, pero ante el que al mismo tiempo sentimos la confianza de su misericordia, porque guarda la Alianza, porque mantiene su amor para nosotros que somos sus hijos.
‘Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, helo sido malos, nos hemos rebelado y apartado de tus mandamientos y tus normas’. Nos sentimos abrumados en nuestro pecado y por eso sentimos vergüenza, nos arrepentimos sinceramente. ‘No hemos escuchado a tus siervos los profetas que en tu nombre nos hablaban…’ No escuchamos a quienes en el nombre del Señor nos están recordando continuamente el amor y la misericordia del Señor y somos infieles y pecadores.

Aunque con vergüenza por nuestro pecado nos atrevemos a acercarnos porque sabemos que su fidelidad es eterna, su amor permanece para siempre porque es ‘el Dios compasivo y misericordioso’ que no nos trata como merecen nuestros pecados sino que siempre nos está ofreciendo su misericordia y su perdón. ‘Socórrenos, Dios Salvador nuestro, por el honor de tu nombre, le pedimos con el salmo; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre’.
Es bueno y necesario que vayamos llenando de estos sentimientos nuestro corazón, consideremos nuestra infidelidad y nuestro pecado. Este camino de ascensión que estamos haciendo a lo largo de la cuaresma es tiempo para reflexionar, para revisar, para mirar nuestra condición pecadora, pero sin dejar de considerar lo que es el amor que el Señor nos tiene.

Nos sentimos movidos al arrepentimiento y a la conversión y queremos en verdad ir dando pasos que nos acerquen cada vez más a los caminos del Señor. Queremos que en verdad nuestro corazón se vaya transformando con la gracia del Señor. Si muchas veces hemos cerrado nuestros oídos a la Palabra del Señor que nos invitaba a la conversión, ahora vamos a dejarnos conducir por la gracia de Dios, vamos a abrir nuestro corazón y dejar que el Espíritu nos vaya conduciendo por los caminos del arrepentimiento, de la conversión, del amor.
Hoy Jesús en el evangelio nos invita a que si vamos experimentando en nuestro corazón lo que es la compasión y la misericordia del Señor, con esa misma compasión, con esa misericordia hemos de tratar a los demás. ¿Cómo nos vamos a atrever a pedir al Señor que tenga misericordia de nosotros si no somos capaces de ser compasivos con el hermano? Hace pocos días cuando escuchábamos que Jesús nos enseñaba el Padrenuestro, nos decía a continuación: ‘Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas’. No en vano nos había enseñado a decir ‘perdónanos nuestras ofensas porque nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido’.

Nos invita el Señor a ser ‘compasivos como vuestro Padre es compasivo’. Y nos enseña a no juzgar, a no condenar, a perdonar, a ser generosos de verdad en el corazón. Si somos así de generosos con los demás, Dios lo será aún más con nosotros. ‘Os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante’.
 

domingo, 4 de marzo de 2012

Estirar la mano.



Dios tiene muchos dones preparados para nosotros, que están a nuestro alcance. Sólo es necesario que estiremos la mano para tomarlos. Y estiramos la mano por medio de la oración, que nunca queda sin fruto, porque si no recibimos lo que pedimos, al menos algo recibimos, y siempre es lo que más necesitamos.

No tengamos miedo de agotar las riquezas de Dios, porque sus tesoros son infinitos, y para nosotros crearía Él un nuevo mundo, si fuera necesario.

Vayamos a los brazos del Padre celestial y pidámosle que llene nuestro regazo con gracias y dones de todas clases, los que más nos hagan falta, ya sean bienes y dones espirituales o materiales, porque Dios es bueno, y si confiamos en Él, entonces veremos sus maravillas.

Pero es necesario hacer el esfuerzo y “estirar la mano” para tomar esos dones. ¡Qué pena que muchos se quedan sin recibir nada porque no hacen el esfuerzo de la oración! ¿Acaso los pobres que piden en las calles no estiran la mano para recibir el óbolo? ¿Y nosotros no queremos humillarnos ante Dios, pidiéndole sus gracias, estirándole la mano para que la llene con sus riquezas?

Lo que sucede es que muchas veces no nos damos cuenta de que somos pobres, y que Dios es Rico, y que puede auxiliarnos en toda necesidad. Sólo hace falta “estirar la mano”, es decir, orar.

sábado, 3 de marzo de 2012

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

Mons. Ottavio Michelini


17 de Septiembre de 1975

SOMBRAS DE MI CUERPO MISTICO

Hijo, todos los miembros de un cuerpo tienden armoniosamente a un único fin; la conservación y el crecimiento del mismo cuerpo.

Así en mi Cuerpo Místico, todos los miembros deberían tender razonablemente al supremo bien del Cuerpo Místico, que es la salvación de todos los miembros de los que esta formado.

El hecho de que estos miembros sean libres e inteligentes, capaces de discernir y de querer el bien o el mal, constituye una razón más para que todos tiendan al bien común. Sin embargo no es así.

Seducidos y engañados muchos miembros, rompiendo la armonía del Cuerpo del que forman parte, persiguen el mal tenazmente, dañando no sólo a sí mismos, sino a todos los otros miembros del cuerpo.

Si además, estos miembros son sacerdotes, ellos destruyen la armoniosa cohesión con un daño incalculable para sí mismos y para comunidad cristiana entera.

En mi Iglesia todos los sacerdotes deben tender esforzadamente al bien común de todas las almas; para esto han sido llamados, sin ninguna excepción.

No hay en Mi Iglesia distinción de fines: la finalidad es una sola para todos los miembros, de modo muy particular para mis sacerdotes: salvar almas, salvar almas, salvar almas.

El último sacerdote, (último en la forma vuestra de decir, porque podría ser el primero, como el Santo Cura de Ars, último y primero), digo el último sacerdote que gasta su vida en el ofrecimiento de sí mismo en el Santo Sacrificio de la Misa en comunión Conmigo delante de mi Padre, es hasta más grande que muchos dignatarios que no siempre lo hacen.

En mi Cuerpo Místico hay muchos miembros terriblemente enfermos de presunción, de soberbia, de lujuria.

En mi Cuerpo Místico hay muchos sacerdotes obreros, más preocupados por el lucro que por la salvación de las almas.

Hay muchos sacerdotes orgullosos de su "saber hacer”, es decir de su astucia. Olvidando que a menudo, aunque no siempre, el arte del saber hacer es el arte del mentir: esta es la perfidia o la astucia de Satanás.

Vuestro lenguaje sea simple y sincero: si es sí, sí; si es no, no: la verdad es caridad.

No sus palabras

En Mi Iglesia hay sacerdotes que se predican a sí mismos. En el rebuscamiento del lenguaje, en la elegancia del decir, y con otros cien recursos, buscan llamar la atención de los oyentes para hacerlos converger sobre sí.
Es verdad que mi palabra es por sí misma eficaz, ¡pero mi Palabra, no su palabra!. Mi Palabra, antes de ser anunciada ha de ser leída, meditada y absorbida; después dada con humildad y simplicidad.
En mi Cuerpo Místico hay focos de infección, hay llagas purulentas.
En los seminarios hay gente infectada que contamina a aquellos que deben ser mis ministros del mañana ¿quién puede valorar el mal?
Si en una clínica o en una comunidad se manifiesta una enfermedad contagiosa, se recurre a los remedios con gran solicitud, con informaciones y aislamientos, con medidas enérgicas y repentinas. En mi Cuerpo Místico se manifiestan males mucho más graves, y hay aquiescencia como si nada estuviera pasando. Miedos y temores injustificados, se dice.
¡No es amor, no es caridad el permitir difundirse los males que llevan a las almas a la perdición!
Hay abuso exagerado de la Misericordia de Dios como, si con la Misericordia, no coexistiese la Justicia...
Quién está investido de responsabilidad, actuando con rectitud, no debe preocuparse por las consecuencias cuando necesita tomar medidas para cortar el mal en curso.
Hijo, ¿qué decir luego de tantos sacerdotes míos, del modo del todo irresponsable con el que llevan a cabo una tarea delicadísima, como es la de la enseñanza religiosa en las escuelas?
De acuerdo que no faltan sacerdotes bien formados y conscientes, que cumplen sus deberes de la mejor manera. Pero junto a los buenos, ¡cuántos superficiales, inconscientes, incluso corruptos! Han hecho y hacen un mal inmenso, en lugar del bien, a los jóvenes, tan necesitados de ser ayudados moral y espiritualmente.
La comprensión para estos sacerdotes míos no debe justificar licencia.

Un hábito apropiado

De lo alto han sido impartidas disposiciones con relación al hábito sacerdotal. Mis sacerdotes, viviendo en el mundo han sido segregados del mundo.
Quiero a mis sacerdotes distintos de los laicos, no sólo por un tenor de vida espiritual más perfecta, sino también exteriormente deben distinguirse con su hábito propio.
¡Cuántos escándalos, cuántos abusos y cuántas ocasiones más de pecado y cuántos pecados más!
¡Qué inadmisible condescendencia por parte de los que tienen el poder de legislar! Y junto con el poder, tienen también el deber de hacer respetar sus leyes. ¿Porqué no se hace?
Lo sé: las molestias no serían pocas. Pero Yo no he prometido jamás a nadie una vida fácil, cómoda, exenta de disgustos.
Quizá teman reacciones contraproducentes. No, el relajamiento provoca un mayor relajamiento.
Funcionarios estatales, de empresas, de entes militares visten su uniforme. Muchos sacerdotes míos se avergüenzan, contraviniendo las disposiciones, compitiendo en coquetería con los mundanos.
¿Cómo, hijo, puedo no dolerme amorosamente? Quien no es fiel en lo poco, tampoco lo es en lo mucho.
¿Qué decir, luego, del modo en que se administran mis Sacramentos por tantos de mis sacerdotes? Se va al confesionario en mangas de camisa, y no siempre con la camisa, sin estola.
Si se debe hacer una visita a una familia de respeto, se ponen la chaqueta, pero la casa de Dios es mucho más que cualquier familia de respeto.
También está prescrito vestido talar para el ejercicio del propio ministerio: asistencia a los enfermos, enseñanza en las escuelas, visitas a los hospitales, celebración de la Santa Misa, administración de los Sacramentos. ¿Quién se pone ahora el vestido talar para todo esto?
Esto, hijo mío, es indisciplina que roza en la anarquía.
¿Que decirte de tantos sacerdotes míos que no tienen tiempo de rezar, atosigados como están en tantas actividades inútiles, aunque aparentemente santas?
Actividades inútiles porque les falta su alma, porque les falta mi presencia. Donde Yo no estoy no hay fecundidad espiritual.
Pero cuántos sacerdotes tienen tiempo para ir a ver películas inmorales y pornográficas, con el pretexto de que se necesita conocer para juzgar. Esta justificación es satánica.
Los santos sacerdotes, que jamás se permitirían tales inmoralidades, no serían hábiles para orientar y aconsejar a las almas... 

El deber de la obediencia
Aquí tienes hasta qué punto hemos llegado.
Pero lo hay peor todavía. Yo, hijo mío, he constituido la Iglesia jerárquica, y no se diga que los tiempos han cambiado y que por eso es necesario cambiar todo.
En mi Iglesia hay puntos firmes que no pueden variar con el mudar de los tiempos. Jamás podrá ser cambiado el principio de autoridad, el deber de la obediencia.
Podrá ser cambiado el modo de ejercer la autoridad, pero no podrá ser anulada la autoridad.
¡No se confunda jamás la paternidad requerida en las altas esferas con la debilidad! La paternidad no excluye sino, al contrario, exige la firmeza.
Hijo mío, ¿porqué he querido sacar a la luz una parte de los muchos males que afligen a mi Iglesia? Lo he hecho para poner a mis sacerdotes frente a sus responsabilidades. Quiero su regreso para una vida verdaderamente santa.
Quiero su conversión porque los amo. Sepan que su conducta a veces es causa de escándalos y de ruina para muchas almas.
¡No es justo que se abuse del amor de Dios, confiando en su misericordia e ignorando casi enteramente su justicia!
Hijo, te he dicho repetidamente que el alud está ya en curso. Sólo el regreso sincero a la oración y a la penitencia de todos mis sacerdotes y de los cristianos podría aplacar la Ira del Padre y detener las justas y lógicas consecuencias de su justicia, siempre movida por el Amor.
He querido decirte esto porque quiero hacer de mi "pequeña gota de agua que cae hacia abajo" un instrumento para el plan de mi Providencia.
Te bendigo, oh hijo. Quiéreme mucho; reza, repara y recompénsame con tu amor de tanto mal que arrecia en mi Iglesia.

También mucho bien
Es bien cierto que en mi Iglesia hay también mucho bien, ¡Ay si no fuera así! Pero Yo no he venido por los justos; ellos no tienen necesidad. He venido por los pecadores; ¡a éstos quiero, a éstos debo salvar!
Por eso he dado el toque en alguna de las muchas llagas y heridas, causa de la perdición de almas.
Se dice que no se va al infierno. O se niega el infierno o se apela a la Misericordia de Dios que no puede mandar a ninguno al infierno.
No por estas herejías y errores deja de existir el Infierno. No por esto muchos impenitentes, también sacerdotes, evitan el Infierno...