martes, 29 de octubre de 2013

Compartiendo vida... ???


¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿y lo de más allá?...
¿Por qué quiero razonar todo? ¿por qué no doy paso a la fe que no entiende de razones?
Siempre hay un porqué... Estamos vivos y eso conlleva hacernos preguntas existenciales que a veces nos absorben hasta tal punto de no entender nada de nada.
Los humanos somos así... nos preguntamos el porqué de todo lo que existe pero hay cosas que no tienen explicación.
¿Acaso se puede explicar el amor humano? ¿el sentimiento de cariño y empatía que surge entre las personas? ¿Se puede explicar la entrega generosa que nos desgasta físicamente? ¿se entiende la fe? ¿se entiende la muerte o la vida?...
Hacernos preguntas es fundamental para vivir desde la verdad y coherencia pero no podemos vivir en un interrogante continuo porque en la vida no todo tiene explicación. Cristo no preguntó... simplemente amo hasta el extremo.

jueves, 24 de octubre de 2013

Vuelve a empezar

Olvidar el pasado.

El pasado nos impide volver a empezar, porque nos hacer recordar lo que fuimos o lo que dejamos de ser, y nos ata las alas del espíritu para poder desplegarlas y comenzar una nueva vida.
Debemos aprender a vivir el momento presente, sin lamentarnos por el pasado, porque mientras pensamos y repensamos en el pasado, se nos pasan las horas y los días, y así nunca comenzamos de nuevo.
Y tenemos que hacer el esfuerzo de olvidar también las ofensas que nos hicieron, porque si guardamos rencor y odio, y no sabemos perdonar de corazón, seguiremos siempre atados no sólo al pasado, sino a Satanás, que nos tendrá capturados en su red, y así no tendremos nunca paz, porque la paz viene de un corazón reconciliado con Dios y con los hermanos.
Dicen los santos que: “La imaginación es la loca de la casa”. Y efectivamente tenemos que saber dominar y controlar nuestra imaginación, que nos lleva al pasado, o al futuro, y no nos deja vivir bien el presente, comenzando cada día una nueva vida.
Dejemos de lamentarnos por las cosas que hicimos o que no hicimos, pues Dios ya sabía desde la eternidad que las haríamos o que no las haríamos, y ha provisto para darnos la oportunidad de empezar de nuevo, y ser mejores personas a partir de hoy.

lunes, 14 de octubre de 2013

¿Y tú, ya sabes amar?



Yo estoy aprendiendo...

Yo estoy aprendiendo a aceptar a las personas, aún cuando ellas me defrauden, aún cuando se salgan del ideal que yo tengo de ellas, y aún cuando ellas me hieran con palabras ásperas o acciones irreflexivas.

Es difícil de aceptar a las personas así como ellas son, y no como yo quiero que sean. Es difícil, muy difícil, pero estoy aprendiendo, porque yo estoy aprendiendo a amar.
 
Yo estoy aprendiendo a escuchar. Para escuchar con los ojos, con los oídos, con el alma, y con todos los sentidos, lo que dice el corazón, lo que dicen los hombres caídos, los ojos tristes, y las manos inquietas. Para escuchar el mensaje que esconden las palabras, para descubrir la angustia guardada, la inseguridad enmascarada, y la soledad encubierta. Para penetrar en la sonrisa
falsa, la felicidad simulada, y la adulación exagerada. Para descubrir el dolor de cada corazón, para descifrar el porqué de las lágrimas. Poco a poco, yo estoy aprendiendo a amar.

Yo estoy aprendiendo a perdonar, porque el amor perdona, limpia las heridas, y borra las cicatrices que la incomprensión e inseguridad grabaron en mi corazón herido. El amor alivia la herida que dejaron los pensamientos dolorosos, y no cultiva las ofensas con piedades y autocompasión. El amor perdona, da alivio, y extingue todo el dolor en el corazón.
Yo, paso a paso, estoy aprendiendo a perdonar y a amar. Yo estoy aprendiendo a descubrir el valor dentro de cada vida. Estoy aprendiendo que el afecto y la aceptación, son necesarias para
soportar las experiencias duras vividas a lo largo de los años.

Yo estoy aprendiendo a ver el alma de las personas, y las posibilidades que Dios les dio. Yo estoy aprendiendo, aunque tropezando, yo estoy aprendiendo. Estoy aprendiendo a poner de lado
mis propios dolores, mis intereses, mi ambición y mi orgullo, cuando éstos impiden el bienestar y la felicidad de alguien.

!Pero, cómo es de lento aprender¡, y !cómo es de difícil amar!. Aún así, yo estoy aprendiendo a amar.

¿Y tú, ya sabes amar?

miércoles, 9 de octubre de 2013

Onomástica de Sara.

Sara (שָׂרָה) fue la esposa de Abraham y madre de Isaac mencionada en la Biblia. Según el libro de Génesis su nombre original era Saray pero Dios lo cambió a "Sara" antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de 90 años.1 La Biblia cuenta que en un principio Sara había incitado a Abraham a tener un hijo con su esclava Agar pero más tarde, después del nacimiento de Isaac, expulsó a la mujer y a su hijo Ismael. Según la Biblia fue enterrada por Abraham en la Cueva de Macpela.
En hebreo el nombre "Sara" se usa para designar a una mujer de alto rango y su nombre es traducido como  "princesa".
El Talmud señala que Sara era tan hermosa que a su lado las otras mujeres parecían monos5 y ni siquiera los duros viajes junto a Abraham afectaron su belleza.6 El Talmud afirma además que Sara fue superior a Abraham en los dones de profecía7 siendo como una "corona" para su marido. Abraham oía y obedecía sus palabras pues reconocía su superioridad espiritual.8 Además Sara sería la única mujer con quien Dios se comunicó directamente ya que las demás profetisas mencionadas en la Biblia recibieron mensajes de Dios por medio de ángeles.9 Su nombre original era "Saray" pero porteriormente se le llamó "Sara" (princesa) porque era la princesa de su casa y de su tribu.

martes, 8 de octubre de 2013

Mensaje de confianza






La confianza en Dios. 
Simplemente quiero dirigirme a las almas inquietas, que se encuentran con tanta frecuencia. Les mostraré, con el Evangelio en la mano, la inconsistencia de sus temores. Ni la gravedad de sus faltas, ni la multiplicidad de sus recaídas, ni sus tentaciones las deben abatir. Muy por el contrario, cuanto más sientan el peso de la propia miseria, tanto más deben apoyarse en Dios. ¡No pierdan la confianza! Sea cual fuere el horror de su estado, aunque hayan llevado durante mucho tiempo una vida desarreglada, con el socorro de la gracia podrán convertirse y elevarse a una alta perfección. 
 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 
Comentario: 
Hay que avisarles a los pecadores que a Dios lo hiere más la desconfianza del alma, que el mismo pecado. Porque eso nos pasa a todos, que a veces creemos, o mejor dicho el diablo nos hace creer, que Dios no nos perdona porque hemos cometido, o seguimos cometiendo, pecados muy graves, imperdonables.
Pero ya Jesús Misericordioso le confiesa a Santa Faustina Kowalska que lo que más hiere su Corazón divino es la desconfianza del alma, es decir, que no se crea en Su Bondad infinita.
Muchas personas creen en Dios, y saben que es Justo; pero les cuesta creer que Él es la misma Bondad. También los demonios creen de este modo, pues saben que Dios es justo, pero no creen en que Él es Bueno.
¡Qué lejos estamos de conocer realmente a Dios!
¿Y todas las desgracias y males que sufrimos en nosotros mismos, las injusticias que tal vez padecemos en la familia o en el mundo, y todo el mal que hay en la vida? Si Dios es bueno, ¿por qué permite todo ese mal?
Hay que saber que el demonio existe, y es el causante de todo el mal que hay en el mundo. Dios no ha querido coartar su libertad, porque es un don que le dio a los ángeles y luego los que se convirtieron en rebeldes, en demonios, siguen teniendo esa libertad que Dios les concedió.
Pero tenemos que saber que si Dios les permite actuar a los diablos, es porque Él, con todo su poder, puede sacar el bien, de todo el mal que hacen los espíritus de las tinieblas.
Así como de un cuerpo en descomposición, se genera la vida y sirve como abono a la tierra; así también Dios, con su Omnipotencia sabe hacer que los demonios, seres en perenne descomposición espiritual, con su actuar malvado, no hagan otra cosa que servir a los planes de Dios.
Pero debemos rezar mucho para que Dios nos cuide y no permita que el demonio nos venza en la prueba. Tenemos que recordar el libro de Job en la Biblia, y saber que si Dios permite algún mal en nuestra vida, es por amor, porque Dios todo lo que hace o permite, es siempre, siempre, siempre, por amor.
Si confiamos de esta manera en Dios, entonces seremos como ese hombre que mueve montañas por su gran fe y confianza en el Señor.