miércoles, 18 de diciembre de 2013

Creo que los Reyes Magos la tuvieron más fácil...

 Creo que los Reyes Magos la tuvieron más fácil...
Salir de su tierra, seguir una estrella, preguntarle a Herodes dónde y trasladarse a Belén...
Además no tuvieron que pensarla mucho para sus dones... Oro, incienso y mirra bastaron...... El Niño Jesús no puso peros... Sonrió al verles y les regaló la fe sin revuelos... Niños se volvieron a sus tierras como vasallos de un nuevo Reino a anunciar la Buena Nueva al mundo entero...

¡Pero nosotros!!!! Eso de hacerle al rey mago, al Niño Dios o al Santa Claus... Según el caso... Es toda una odisea...
Tal que si hoy Melchor, Gaspar y Baltazar tuviesen que hacerlo de nuevo no sé sí animarían...

Tiendas, ofertas navideñas, multitudes de gentes buscando el regalo perfecto, muchas cosas inútiles que te las hacen ver como perfectas...
Peor aún, si escucharan lo que por ahí se comenta... No es de marca, este color no es el que yo buscaba, quería el nuevo modelo pues el que tengo es obsoleto, etc...
Seguramente sí nosotros llegáramos con oro, incienso y mirra, nos sé que tan contentos haríamos a los niños modernos...
Pero no es mala idea...
Regalar el oro de nuestro tiempo...
El incienso de nuestra oración...
La mirra de nuestro cariño y amor...
Sería más sencillo y entonces sí verdaderos Reyes Magos seríamos...

martes, 10 de diciembre de 2013

MARÍA, PRIMERO MADRE

María tenía sus planes, pero en medio de esos planes le surgió otro Plan: una propuesta de Dios, la quería para que fuese la Madre de su Hijo Predilecto durante su paso por la tierra. Así de repente, la propuesta es muy dura, comprometida y arriesgada. Difícil de decidir y muchos problemas a los que responder.
En un intento de traducirla a nuestros días, podríamos imaginarnos algo así: Una madre, comprometida pero soltera.  En su tiempo un delito. Hace unos años, un escándalo. Ahora, menos, pero quizás inoportuno porque interrumpe mis proyectos y mis ambiciones personales: trabajo, giras, viajes, intereses económicos, fiestas...etc. Un hijo/a que se presenta en unos momentos no pensados ni deseados. ¿Qué hacer? Mejor, ¿qué haríamos ahora nosotros?

Sabemos lo que hizo María, y tras reflexionar qué haríamos nosotros, descubrimos el valor, la humildad, la obediencia, el desapego, la valentía, el olvido de sí, la disponibilidad, el servicio a su prima Isabel en esas condiciones de incertidumbre y compromisos, pero sobre todo, la confianza y fe en el Plan de Dios. Todo eso fue primero para María, Madre, antes los problemas aparente de infidelidad a José, a sus leyes, a la familia, a los amigos y pueblo. María, la esclava del Señor supo, saliendo de su vida, responder "Sí" a la llamada de Dios.

Ahora nos toca a nosotros. Nuestros problemas, ya planteados, primeros, antes de respetar la vida del niño/a (aborto). Matamos porque primero pensamos en nosotros sin importarnos lo que le suceda al otro. En este caso al niño que llevamos dentro del vientre. Posiblemente celebramos la Navidad, ¿pero qué celebramos? ¿La vida o la muerte?, porque mientras celebramos la Navidad hay muchos niños que son asesinados por sus mismos padres. No les permiten nacer, y Jesús no puede llegar a nacer en sus corazones porque los hombres no lo permiten.

Hay mucha gente luchando y armando lío por el derecho a vivir de esos niños. Pero tú y yo haremos también Navidad si, aparte de rezar, donde quiera que estemos defendemos la vida cuando la oportunidad se nos presenta, y habrá muchas oportunidades para hacerlo. Sólo necesitas estar disponible, atenta/o y ponerte en Manos del Espíritu. Así lo hizo María, hasta el punto de huir a los pocos días a Egipto para proteger a su Niño de la muerte. Supo dejar todo, no sólo de palabra sino con su vida también.
Fuente: Salvador Pérez Alayón.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ojo con una fe gaseosa

Ni la aridez agresiva de la fe, ni un estado donde todo es bueno, en el que no existe posibilidad para el juicio cristiano.
Una fe que no estuviera unida por fuertes vínculos a la persona de Cristo, tal y como se manifiesta en los Evangelios, no sería tal fe sino un remiendo humano llevado por el camino de la facilidad sin exigencia. Y en verdad que hoy uno de los riesgos que nos acecha, junto con el de quedarnos en el margen del camino en una sociedad que discurre hacia otra parte, es venir a ser una especie de sucedáneo de los hippies de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Una especie de hippies espirituales que todo el día van repitiendo un mantra: love, love, love. 

Dios es amor, claro que sí; y misericordia, evidente. Y Jesucristo es la manifestación más radical y extrema de todo ello. Pero, Dios, como nos muestra Jesucristo, es también exigencia de la Ley y de la justicia. Jesucristo es un yugo suave, pero yugo a fin de cuentas. Carga ligera, soportable para cada ser humano, pero carga. Esto es lo que a veces se olvida en exceso.


Ni la aridez agresiva de la fe convertida en una ideología política, como por desgracia nos muestran algunos programas pretendidamente católicos o algunas organizaciones políticas que se llaman católicas, ni un estado difuso e inasible, delicuescente, gaseoso, donde todo es bueno, en el que no existe posibilidad para el juicio cristiano. En definitiva, una forma de pensar y actuar donde el acto bueno no puede existir por la sencilla razón de que no existen actos malos. Pero esto no es así, el sacramento de la reconciliación está ahí por una razón concreta: porque pecamos, y esto quiere decir que actuamos mal. Pero, no solo actuamos mal nosotros, los cristianos, sino también y en gran medida, y así lo muestra el mundo, los que no lo son, que también pecan contra la Ley. Y lo digo porque en ocasiones hay discursos en los que el pecado solo parece anidar en los cristianos, aunque eso nunca puede justificar nuestra exigencia de testimonios de Cristo.

Dios da el perdón, claro que sí, siempre, siete veces siete, pero es importante recordar que para que este perdón exista el pecador debe tener el sincero propósito de enmienda. Que después, a pesar de todos sus esfuerzos, vuelva a caer es una cosa, pero que no exista propósito o que la enmienda desaparezca de la actitud..., eso hace inválido el perdón. No existe posibilidad de engaño ante Dios. No porque Dios no lo conceda sino porque el hombre con su actitud lo rechaza.

La Iglesia nunca ha confundido el pecado con el pecador. Es exigente con el primero y lo rechaza, y acoge al segundo siempre. Pero lo acoge para redimirlo. Jesucristo le dice a la mujer pública: "nadie te acusa, puedes irte". Pero añade: "ves y no peques más". Esa es la cuestión.
No podemos, en nombre del amor, olvidar las otras dimensiones de exigencia de la fe y debemos situar cada cosa en la jerarquía correcta. Nuestra vida debe seguir el camino de Cristo y no una caricatura del mismo construida por nuestra comodidad. Seguirlo en toda su plenitud y con todo lo que ello entraña. 

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

Fuente: www.forumlibertas.com

Le dan la unción de enfermos, se cura y demanda al hospital


 
Jerzy R. es polaco. Hasta hace poco estaba moribundo, en coma y deshauciado por los médicos. A pesar de ser ateo y sin su conocimiento, recibió la unción de enfermos. La noticia no explica si algún familiar la pidió para él o si fue cosa del sacerdote del hospital. La cuestión es que después de recibir el sacramento, Jerzy se curó.
Ahora ha denunciado al hospital y reclama una compensación de 21.000 euros por lo que considera “daño inmaterial grave”.

 La cuestión que me planteo es por qué un sacerdote católico dio el sacramento de la unción de enfermos a un ateo declarado. ¿Tal vez no sabía que éste no era creyente? La Iglesia, que yo sepa, dice que en peligro de muerte los ministros católicos pueden administrar lícitamente los sacramentos, no sólo a los católicos, sino también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos. Como veis, no era este el caso.

 Lo que ha quedado claro es que Jerzy ni creía ni cree, de lo cual es muy libre. Los católicos, evidentemente, podemos y debemos rezar por todos, creyentes o no. Pero no se deben dar los sacramentos a los que no lo pidan, salvo que no puedan hacerlo y conozcamos antes su deseo expreso.  De hecho, el Derecho Canónico, haciendo referencia a los casos en que los enfermos no pueden expresarse, dice que este sacramento debe administrarse a los que cuando estaban en posesión de sus facultades lo hayan pedido al menos de manera implícita.